64
Los dictadores
no cultivan el bien.
¡Son tan malignos!
63
Disfruto siempre,
de la naturaleza,
sus sonidos.
62
Mi sed calmé,
en la pila amistosa
de Rico Pobre
1
Los desaciertos
me han abierto el
camino
de la verdad.
61
¿Qué hago, Señor,
para aliviar la carga
de mi tristeza?
60
La vanidad
fue vencida, fácilmente,
por la humildad.
59
Se hundió mi barca
en el mar turbulento
del infinito.
58
¿Por qué de mí huyes,
fortuna prodigiosa,
cuando me ves?
57
Quema mis labios,
con tus besos de
fuego,
musa sensual.
56
Los dictadores,
no cultivan el bien.
¡Son tan malignos!