PETICIÓN
Flores silvestres,
en mi tumba de pobre,
quiero de ofrenda.
No me lleves, bien mío,
ni claveles ni rosas.
PETICIÓN
Flores silvestres,
en mi tumba de pobre,
quiero de ofrenda.
No me lleves, bien mío,
ni claveles ni rosas.
EXTRAVÍOS
Mis extravíos
duermen en tu silencio
con placidez.
Ando perdido
en la selva de tu amor.
¡No tengo brújula!
Y silencioso
disfruto del cricrí
de un loco grillo.
Salir no quiero
de tu tupida selva
tan armoniosa.
Tan atractiva.
de misterio encantada.
en magia envuelta.
Selva bendita.
cómplice necesaria
de mi locura.
He hecho, bien mío, un viaje imaginario hacia lo más recóndito de mi pasado.
Y pocos eventos, bien mío, de esa antipática y desconcertante parte de mi vida, a un milenio de su ocurrencia, vale la pena recordarse por las heridas tan dolorosas que provocaron en mi debilitada carne y en mi desconocido espíritu.
Reviviré, bien mío, para ti, las diminutas vivencias que en los constantes momentos de adversidad sirvieron de catarsis, palabra que entonces no estaba en mi léxico, a mis sufrimientos que, sin embargo, afloran en mis sueños como pesadillas horribles.
Y no te cuento esos episodios que quisiera arrojar bien lejos de mi subconsciencia, para que no me sigan lacerando, porque no quiero ver que de tus ojos broten lágrimas de tristeza sino de alegría
¿Lo único placentero de esa época que no puedo apartar de mí?
Los libros que leía desordenadamente, pero que me cautivaban.
Yomo, el viejito que me espantaba los duendes de las noches sombrías.
Agua caliente, donde nunca vi a la ninfa que encantaba al que la viera.
El río, donde me bañaba y jugaba con otros niños, al día siguiente de la crecida.
La señora Sabina que me santiguaba y me consentía con café y frutas.
El tío Vicente, que me regalaba caña y catuche.
Quisiera, bien mío, no haber pasado por esas etapas de mi alocada vida, y comenzar desde el momento que te conocí y tú me conociste.
Y nació el amor imposible.
CLARIDAD
Aunque me separe de ti, bien mío, un millón de millas o una centuria, tengo la sensación gratificante de que estás junto a mí y de que ambos somos primavera u otoño, luz de una misma fuente de energía y fuego de la misma estufa, de carbón o eléctrica.
Tengo la sensación de tu presencia, bien mío, en tu aroma, único, que se adhiere como el agua al río, el silencio a la soledad y la sombra a la penumbra, en cada diminuto espacio de mi covacha de sueños, en cada capullo de rosa que se abre para mostrar su belleza íntima, en cada cántaro donde has libado vino, en el paisaje natural que hemos disfrutado juntos y en el canto de los pájaros al levantarse con la aurora y al acostarse con el crepúsculo.
Tengo la sensación de tu compañía, bien mío, aunque tu orilla esté distante de la mía, en los sueños, cuando duermo plácidamente; en los poemas que he escrito para que solamente tú los leas y en los gratos recuerdos de la felicidad que me has obsequiado para que la tristeza no se aloje en mí.
¡Sensaciones, bien mío, que me insuflan vida!
¡Sensaciones que me alertan, bien mío, de que en ésta o en otra vida, resplandecerá nuestro amor en mi covacha de sueños!
POBRECÍA
Quiero poder
para abolir del mundo
la pobrecía,
el lujo de los ricos,
la injusticia social.
INTERCESIÓN
Virgen María.
sin pecado concebida,
pídele a tu hijo
que salve a Venezuela
de sus crueles verdugo.
Me aterrorizan,
amada, los fantasmas de la noche porque me trasladan, sin mi anuencia, a
momentos de mi atormentada vida que no quiero recordar por horripilantes,
desgraciados e infelices.
¿Cómo hago,
amada, para borrar de mi angustiada mente estos recuerdos horribles que al vivenciarlos en los sueños se
convierten en terribles pesadillas y que sólo son abatidos, tras desigual
lucha, con el despertar que demora un siglo en sacarme del fuego infernal de
esos seres terribles?
Ningún
sortilegio, amada, ha podido librarme de esos fantasmas que inexorablemente
esperan, como el cazador a su presa, como el mar al río que devorará o como
el caballo que para vencer la adversidad
esperaba un rey para cambiarlo por su trono, para atraparme en sus redes y
llevarme a vivenciar oníricamente, con inevitable frecuencia, terribles
instantes pasados que hirieron con saña indescriptible mi tierna carne de
entonces y mis sentimientos rodeados de pureza e inocencia.
¿Acaso, amada,
mis pecados fueron tantos y tan terribles
para que los azotes que recibí por ellos en tiempo real no fueron
suficientes y tenga que expiarlos en los sueños que deberían ser plácidos y no
tormentosos?
GLOSA
A LA BELLEZA
"Por siempre ser bella rosa
acabada de regar,
a todos nos vas a dar
tu frescura primorosa".
Hildebrando Rodríguez
Eres, alma,
prodigiosa.
Eres edénico prado.
Tu perfume he respirado
Por siempre ser bella rosa.
Eres belleza sin par.
Musa de luz alfombrada.
Eres rosa iluminada
acabada de regar.
Quiero en mi canto expresar
Tu belleza, tu portento.
Tu ternura y sentimiento
a todos nos vas a dar.
Tu belleza, casta rosa
amarilla del jardín
le regala al querubín
tu frescura primorosa.
EPÍSTOLA
A AIMÉE
Tú,
inteligente dama, naciste en una isla que fue un edén hasta 1959 y de la que
huiste a la orilla de otro mar para residenciarte en tierra firme y
desarrollarte como ser humano en libertad, sin ataduras castristas. Yo nací en
tierra firme y me residencié en una isla, Margarita, de la que decía un locutor
de radio que allí hasta la sal era dulce, y a la que llegué en 1975. Pasé, como
tú, de una orilla de mar a la otra orilla, paradisiaca entonces, condición que
perdió a partir de 1999 cuando llegó a la presidencia de la República un
súbdito del siniestro personaje que demonizó a tu Cuba y chuleó las riquezas
venezolanas, tras el derrumbamiento de la Unión Soviética.
¡Qué irónico, amiga! El mismo demonio rojo
destruyó tu edénica isla y la mía y también tierra firme.
¡Alabas tanto mis poemas! Tanto, que tus
alabanzas elevan al cubo mi egoteca. He tratado de transmitirte mis
sentimientos de gratitud en el espacio virtual donde aparecen escritas, con
tantas ternura y belleza, pero mis esfuerzos han chocado con una especie de
Muro de Berlín reconstruido. También he fracasado al tratar de ingresar a tu
página, que guardas como un tesoro invalorable con cerraduras inexpugnables,
por resistentes.
Quiero confesarte, Aimée, que cuando
escribo una poesía, en prosa o en verso, no me atribuyo, en lo interno, su
paternidad, porque considero que ella era cual princesa de los cuentos de
antaño, prisionera en el castillo de un villano ogro, a la que liberé para que
cabalgara con mis sueños en las praderas de la realidad y no muriera conmigo.
Soy apenas un médium para hacer posible
que esa prisionera milenaria alcance su libertad. No creo que el hombre invente
nada, y menos poesía. La función del hombre con altos niveles de inteligencia
es descubrir la obra de la creación divina en las ciencias exactas, en la
economía, en las artes poéticas, en las artes plásticas y audiovisuales, etc.
Eladio
HERIDA
Mil filosos y duros golpes hieren,
de manera letal,
mis pobres carnes que vencer no pueden
ese dolor brutal
que sólo, amada, tus sensuales besos
de fuego sublimado
abate con tus cariños traviesos.
Mi dolor has trocado
en prodigiosa dicha que florece
para ofrecerme vida,
y en nuestro manantial de amor no cese
agua de luz rendida.
QUERENCIA
Te quiero río,
no escuálido riachuelo,
menos quebrada.
Tampoco arroyo.
Tampoco arroyuelo,
de escaso líquido.
Te quiero recio,
con agua en abundancia,
como si siempre
tu cuenca fuera
morada constante
del dios Peneo.
Para que riegues,
con tu líquida vida,
el casi muerto
Predio rural
y de sed no perezca.
Y nazca el fruto.
Y reverdezcan
los bosques y los prados
y las montañas.
ETERNIDADES
Escrito está, mi bien, que nuestras vidas
por siempre se amarán.
Nuestras almas jamás serán vencidas,
nunca declinarán
en su sublime empeño de sentir
su eternidad de amor.
con indeleble tinta he de escribir
nuestro sordo clamor
que sólo, sí, quienes se aman perciben
porque es sublime y tierno.
Y cual gratitud divina reciben
la ofrenda de lo eterno.
RAZONES
Muchas
razones tengo, amada mía,
para cerca sentirte,
aunque estés en odiosa lejanía
y no pueda seguirte
porque no quedan huellas de tus pasos
en la tierra que pisas.
aunque mis luengos pies se tornen lasos.
y tristes mis sonrisas.
pues mi radar de amante convencido
me dirá dónde estás
y al sentir tu aroma único rendido
junto a ti me verás.
OFRENDA
Te ofrendé un clavel que a canela olía
para que perfumaras
coquetamente la covacha mía
y grácil alejaras
hacia hemisferios gélidos, lontanos,
desérticos, sin luz,
para que la suavidad en tus manos
sea alivio de mi cruz.
Y te ofrendo, amada, un río de amor
siempre ágil para ti.
Te ofrendo mis sueños y mi calor
y el brillo del rubí.