OSCURIDAD
Llèvame lejos
de tanta oscuridad
casta paloma.
GLOSA
A LA BELLEZA
"Por siempre ser bella rosa
acabada de regar,
a todos nos vas a dar
tu frescura primorosa".
Hildebrando Rodríguez
Eres, alma,
prodigiosa.
Eres edénico prado.
Tu perfume he respirado
Por siempre ser bella rosa.
Eres belleza sin par.
Musa de luz alfombrada.
Eres rosa iluminada
acabada de regar.
Quiero en mi canto expresar
Tu belleza, tu portento.
Tu ternura y sentimiento
a todos nos vas a dar.
Tu belleza, casta rosa
amarilla del jardín
le regala al querubín
tu frescura primorosa.
EPÍSTOLA
A AIMÉE
Tú,
inteligente dama, naciste en una isla que fue un edén hasta 1959 y de la que
huiste a la orilla de otro mar para residenciarte en tierra firme y
desarrollarte como ser humano en libertad, sin ataduras castristas. Yo nací en
tierra firme y me residencié en una isla, Margarita, de la que decía un locutor
de radio que allí hasta la sal era dulce, y a la que llegué en 1975. Pasé, como
tú, de una orilla de mar a la otra orilla, paradisiaca entonces, condición que
perdió a partir de 1999 cuando llegó a la presidencia de la República un
súbdito del siniestro personaje que demonizó a tu Cuba y chuleó las riquezas
venezolanas, tras el derrumbamiento de la Unión Soviética.
¡Qué irónico, amiga! El mismo demonio rojo
destruyó tu edénica isla y la mía y también tierra firme.
¡Alabas tanto mis poemas! Tanto, que tus
alabanzas elevan al cubo mi egoteca. He tratado de transmitirte mis
sentimientos de gratitud en el espacio virtual donde aparecen escritas, con
tantas ternura y belleza, pero mis esfuerzos han chocado con una especie de
Muro de Berlín reconstruido. También he fracasado al tratar de ingresar a tu
página, que guardas como un tesoro invalorable con cerraduras inexpugnables,
por resistentes.
Quiero confesarte, Aimée, que cuando
escribo una poesía, en prosa o en verso, no me atribuyo, en lo interno, su
paternidad, porque considero que ella era cual princesa de los cuentos de
antaño, prisionera en el castillo de un villano ogro, a la que liberé para que
cabalgara con mis sueños en las praderas de la realidad y no muriera conmigo.
Soy apenas un médium para hacer posible
que esa prisionera milenaria alcance su libertad. No creo que el hombre invente
nada, y menos poesía. La función del hombre con altos niveles de inteligencia
es descubrir la obra de la creación divina en las ciencias exactas, en la
economía, en las artes poéticas, en las artes plásticas y audiovisuales, etc.
Eladio
HERIDA
Mil filosos y duros golpes hieren,
de manera letal,
mis pobres carnes que vencer no pueden
ese dolor brutal
que sólo, amada, tus sensuales besos
de fuego sublimado
abate con tus cariños traviesos.
Mi dolor has trocado
en prodigiosa dicha que florece
para ofrecerme vida,
y en nuestro manantial de amor no cese
agua de luz rendida.
QUERENCIA
Te quiero río,
no escuálido riachuelo,
menos quebrada.
Tampoco arroyo.
Tampoco arroyuelo,
de escaso líquido.
Te quiero recio,
con agua en abundancia,
como si siempre
tu cuenca fuera
morada constante
del dios Peneo.
Para que riegues,
con tu líquida vida,
el casi muerto
Predio rural
y de sed no perezca.
Y nazca el fruto.
Y reverdezcan
los bosques y los prados
y las montañas.
ETERNIDADES
Escrito está, mi bien, que nuestras vidas
por siempre se amarán.
Nuestras almas jamás serán vencidas,
nunca declinarán
en su sublime empeño de sentir
su eternidad de amor.
con indeleble tinta he de escribir
nuestro sordo clamor
que sólo, sí, quienes se aman perciben
porque es sublime y tierno.
Y cual gratitud divina reciben
la ofrenda de lo eterno.
RAZONES
Muchas
razones tengo, amada mía,
para cerca sentirte,
aunque estés en odiosa lejanía
y no pueda seguirte
porque no quedan huellas de tus pasos
en la tierra que pisas.
aunque mis luengos pies se tornen lasos.
y tristes mis sonrisas.
pues mi radar de amante convencido
me dirá dónde estás
y al sentir tu aroma único rendido
junto a ti me verás.
OFRENDA
Te ofrendé un clavel que a canela olía
para que perfumaras
coquetamente la covacha mía
y grácil alejaras
hacia hemisferios gélidos, lontanos,
desérticos, sin luz,
para que la suavidad en tus manos
sea alivio de mi cruz.
Y te ofrendo, amada, un río de amor
siempre ágil para ti.
Te ofrendo mis sueños y mi calor
y el brillo del rubí.
TEMORES
Le temo, amor, a la extrema pobreza
de espíritu y alma, cielo.
No le temo a la muerte su fiereza
ni al dolor del desvelo.
Sé, amor, que si me ves llorando un día
en vez de consolarme
abrirás mi corazón con tu alegría
para entregarme
el tesoro de besos que me calma
cual bálsamo bendito
que sana esta loca herida de mi alma.
¡Oh, amor, al infinito!
GALANURA
Del jardín único de mis sueños,
bien mío, arranqué una rosa.
para que la luzcas, feliz, en tu cabellera,
Y te sientas más hermosa.
Bien mío, estuve en mi placentero
vergel
y tomé para ti un clavel.
Volé al cielo con mis alas de sueño y hurté una estrella
para que lucieras, bien mío, más bella.
Hice, bien mío, comiquerías
para nutrir tus alegrías.
Visité el prado de mi imaginación
y escribí para ti, bien mío, una canción.
Recibí del cielo su exquisito fulgor
y te lo ofrecí como prueba de amor.
¡Locura, bien mío, locura,
como galantería a tu sublime hermosura!