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martes, 13 de octubre de 2026

FANTASMAS I

 

FANTASMAS I

     Me aterrorizan, amada, los fantasmas de la noche porque me trasladan, sin mi anuencia, a momentos de mi atormentada vida que no quiero recordar por horripilantes, desgraciados e infelices.

     ¿Cómo hago, amada, para borrar de mi angustiada mente estos recuerdos horribles  que al vivenciarlos en los sueños se convierten en terribles pesadillas y que sólo son abatidos, tras desigual lucha, con el despertar que demora un siglo en sacarme del fuego infernal de esos seres terribles?

     Ningún sortilegio, amada, ha podido librarme de esos fantasmas que inexorablemente esperan, como el cazador a su presa, como el mar al río que devorará o como el  caballo que para vencer la adversidad esperaba un rey para cambiarlo por su trono, para atraparme en sus redes y llevarme a vivenciar oníricamente, con inevitable frecuencia, terribles instantes pasados que hirieron con saña indescriptible mi tierna carne de entonces y mis sentimientos rodeados de pureza e inocencia.

     ¿Acaso, amada, mis pecados fueron tantos y tan terribles  para que los azotes que recibí por ellos en tiempo real no fueron suficientes y tenga que expiarlos en los sueños que deberían ser plácidos y no tormentosos?

     NOTA: Este poema fue publicado inicialmente  el 22 de junio de 2025 en el portal de la Sociedad Venezolana de Arte Internacional (SVAI) y tuvo 191 visitas.

 

 

 

 

 

 

 

 

lunes, 12 de octubre de 2026

IMAGINACIÓN

 

IMAGINACIÓN

 

                                         Sentada estás a la vera del río

                                      gozando silenciosa

                                     del glamoroso y fascinante  estío

                                    ¡Oh,  imagen radiosa!

                                       Que a mi rica  imaginación invita

                                    a darte, niña bella,

                                    una dalia   y una  blanca  margarita

                                    para que cual estrella

                                        mi  barca apresurada

                                   deje en la mar su  carga de  fulgor

                                   silente,  imaginada,

                                    envuelta en el oleaje  de tu amor.

ARROYO

 

ARROYO


 

 

 

 

 

          En el límpido y diminuto arroyo que  nutre de vivificante agua mi ignota y plácida covacha de  sueños poéticos, has saciado tu sed, dama imaginaria, y has bañado tu impoluto cuerpo cual lo hiciera Eva en el jardín  del Edén, cual inocencia infantil, hasta que la serpiente la hizo pecar.

          Nunca te he acompañado.

          Ni nunca te acompañaré.

           Porque ese riachuelo es sólo tuyo,

          nutriente del jardín que me provee de las flores

           que cuando me visitas te ofrendo generosamente

           para que goces de su perfume,

          y para que engalanes tus cabellos

           de catarata ruidosa.

          Allí se bañan en jolgorio los pajarillos.

           ¡Si los oyeras cantar su libertad!

          Te conoce el arroyo, dama de exquisita ternura,

           pues cuando vas a disfrutar de su don vivificador,

           aunque esté escuálido, un no sé qué lo convierte en caudaloso,

           en ágil, en abundante, en bullicioso.

           Dichoso ese arroyo, mujer imaginaria,

           que puede juguetear en todo tu cuerpo caprichosamente.

 

PRODIGIO

 

         PRODIGIO

 

          Un beso tuyo, niña mía, en los labios, en la mejilla o en la sien, aunque a distancia, aleja de mi avejentado cuerpo la tristeza más grande que me embargue, la dolencia más fuerte que me aqueje y la necesidad de amor que me acongoje.

          Una sonrisa tuya, niña mía, presencial o virtual, me hace sentir, en cada porción de mi cansado cuerpo,  el poder prodigioso del amor, capaz de vencer una tormenta, un huracán e insuflarle vida a una piedra.

          El roce de tus delicadas manos, por mi frente, niña mía, cuando el fuego de la fiebre me hace delirar y el dolor de mi encanecida cabeza me atormenta y me hace sufrir a niveles insoportable, opera el prodigio de la sanidad.

          Tu mimosidad, niña mía, cuando mi inspiración se amotina y no quiere derramar sobre el papel blanco cual mi mente las palabras perfectas que les proporcionen vida al poema, al cuento o a la epístola, vencen los obstáculos que los mantienen prisioneros y emanan prodigiosos textos a caudales.

          ¡Prodigiosa niña primaveral que iluminas mi ocaso!

 

ALEGRÍA

 

ALEGRÍA

 

 

                             Un milenio ha, mi  niña,  me envolviste

                          en  tu traje de amor.

                          Y desde entonces en mi vida existe

                          la luz de tu fulgor

 

                            que siembras de esperanzas sumergidas

                         n mi alocada mente

                         para encontrar las voces escondidas

                         en  mirífica fuente.

 

                           Y gritar con alborozo  ¡Oh, albricias!

                         a mi covacha fría

                        a llegado el calor  en tus caricias

                         y en tu dulce alegría. 

LANGUIDEZ

 

LANGUIDEZ

 

            

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Disfruto, bien mío, admirar el atardecer, símbolo exacto de que languidece el día para dar paso a la noche y sus misterios sombríos, complicidades silenciosas, idilios a la luz de la luna y la espera del momento de visitar los dominios de Morfeo.

            Gozo, bien mío, el sonido, todo sinfonía, del jolgorio de las aves cuando alborozadas, al languidecer el día, vuelan simétricamente alineadas hacia sus nidos en el copo de los árboles o en la rama de algún arbusto amistoso para descansar de su extensa faena rutinaria.

            Gusto, bien mío, del languidecer de la noche que le da paso a la aurora, heraldo de la  llegada del día con su brillantez y encantos.

            ¿Languidecerá algún día, bien mío, dentro de un año, dentro de una centuria o dentro de un milenio nuestro amor?




 

AIRE

 

AIRE

                                  Yo quiero ser el aire que respiras,

                                    mi niña primorosa

                                   para  palpar, amor,  cómo suspiras

                                   cuando miras la  rosa

 

                                 que tomé  de mi soñado  jardín

                                   de la covacha mía

                                  junto con un lirio, un mirto  y un jazmín

                                  para  que  tu alegría

 

                                 que el oxígeno de tu aire me transmite

                                llene mi dolida  alma

                               de la férrea voluntad  que   suscite

                                        en mí la ansiada calma.

 

domingo, 11 de octubre de 2026

EMBRIAGUEZ

 

EMBRIAGUEZ

 

“¡Cuan pobre el corazón,

 que no puede

embriagarse de amor!

 

Omar Kayyam

 

            El cántaro de vino que libamos, bien mío, nos sumió en una felicidad dionisíaca.

            Y se desataron, cual río crecido, cual estampida o cual alud, las inhibiciones represadas durante milenios en nuestros subconscientes.

            Y dimos rienda suelta a las más diversas manifestaciones mimosas de Amor Erótico primero, y de Amor Ágape después.

            Nuestra felicidad fue cantada y bailada.

            Y Eco y los pajarillos que observaron nuestras manifestaciones de amor repitieron nuestros cánticos.

           Y regresamos a la infancia que tú tuviste.

            Y regresamos a la infancia que yo no tuve, porque mi vida llegó a la adultez sin cumplir la etapa de la niñez ni de la adolescencia.

            Y tú besaste ardorosamente cada partícula de mi avejentado cuerpo y me envolviste en una deliciosa  felicidad.

            Y cabalgando en el potro del amor único disfruté de tus requiebros, hasta ese momento inéditos.

            Y yo acaricié, extasiado, cada porción erótica de tu joven cuerpo, como si me estuviese alimentando  con bocado de cardenal y como si estuviese libando el exquisito néctar espirituoso de los dioses.

          ¡Cuántas locuras hicimos, bien mío!

VICTORIA

 

VICTORIA

Tuve que esperar centurias interminables por decepcionantes, amada, para que el prodigio de la victoria, que creí no merecer ya, se hiciera presente, ¡al fin¡, en mi angustiada y envejecida existencia.

         Fueron mil derrotas caracterizadas todas por el estigma de la humillación, que no pude borrar de mi rostro, a pesar de todas las hierbas, raíces, aguas y ungüentos que empleé en un vano intento por ocultarlo.

         Ignoraba, ingenuamente, que el prodigio para deshacerme de esa mancha ignominiosa que hizo vulnerable mi vida no lo produciría ningún régimen medicinal, por más avanzado que fuera, sino yo mismo, con paciencia, tenacidad, capacidad para aprender la lección inmersa en cada derrota y de fe en el triunfo que inevitablemente llegaría en cualquier inesperado momento.

         Para triunfar, amada, después de mil vergonzosas derrotas, leí ávidamente textos y pergaminos rugosos y viejos sobre el arte de la guerra; me aprendí de memoria las biografías de los grandes guerreros y apliqué sus tácticas y estrategia en los campos de batalla; luché contra el demonio del pesimismo que se había aposentado en mí y logré destreza en el uso de las más increíbles y eficaces armas.

         A este triunfo, siguieron millares y el estigma de la derrota apenas es un nefasto recuerdo en mi accidentada vida.

 

PERDONAR

 

PERDONAR

                                                        A Doña Luisa Cordero

 

“¡Cómo puedo yo orar

enojado con mi hermano!

Dios no escucha la oración

si no me he reconciliado”.

Anónimo

 

Cansado, amada, de orar y de ofrendarle mis más bellos y sinceros cánticos al Omnisciente Arquitecto Universal, en la búsqueda del divino consuelo para mis penas y tribulaciones que ya mi débil humanidad no estaba en capacidad de resistir, por su extrema severidad y mi indefensión.

Me trasladé esperanzado, amor de siempre, alimento nutricio de mi bienhadada inspiración, trasladarme, hasta el salón que en mi añejo castillo de sueños alberga al espejo mágico que da respuesta certera a mis interrogantes y a las tuyas, para preguntarle, vueltos añicos mis nervios, el porqué mis plegarias, cánticos y oraciones no llegaban hasta el celeste trono del Señor que mueve todo lo que tiene vida en el universo y le imprime movilidad a las cosas que carecen de ella.

-Poeta, que es como me denomina el espejo mágico, Dios no te escucha porque tu corazón, residencia de todos los sentimientos humanos, está rebosado de rencores y animosidad hacia tus semejantes.

-¿Qué debo hacer, entonces, riposté con franciscana humildad, para que Dios escuche mis oraciones, cánticos y plegarias para que  mi cuerpo y espíritu accedan a la santidad divina que les devolverán la normalidad a la cual tiene derecho por obra y gracia de su voluntad desde el momento de nacer?

-La repuesta es obvia, respondió: Haz votos de  perdón, empezando por fi, y continúas con tus enemigos, los conocidos y los encubiertos, que son los más peligrosos y perversos, pues  bien explícito lo reza el proverbio “Del agua mansa líbrame Dios que de la brava me libro yo”.

Seguí los consejos del espejo mágico, amada mía, y me di a la tarea de perdonar a todos mis enemigos y a mí, que fue lo más difícil, y la normalidad retornó a mi alma y a mi cuerpo para instalarse definitivamente en ellos.

 

 

               (Rodulfo González. Diario Caribazo,  Porlamar, 27 de enero de 1997)

NOTA: Este poema en prosa obtuvo el primer lugar en el certamen literario Amor 100% Amor- San Valentín 2014 celebrado por la Sociedad Venezolana de Arte y fue galardonado con el Turpial de Oro.

 

 

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