CAFETO
I
Bajo la sombra
propicia del bucaro
crece el cafeto.
II
Y del cafeto,
ya maduro y molido,
surge el café.
III
Y del café,
en greca o colador,
brota un aroma.
IV
Y con su aroma,
se estimula la vida
todos los días.
CAFETO
I
Bajo la sombra
propicia del bucaro
crece el cafeto.
II
Y del cafeto,
ya maduro y molido,
surge el café.
III
Y del café,
en greca o colador,
brota un aroma.
IV
Y con su aroma,
se estimula la vida
todos los días.
FRUTAS
I
Mango carvá,
rosa, dudú o briteño,
son exquisitos.
II
¡Cuánta dulzura
atesora tu pulpa
oh, mandarina!
III
Crece silvestre
la diminuta mora
entre la selva.
IV
Fresa exquisita,
con traje nazareno
¡Cuánto me gustas!
MAIZ
I
Nutricia arepa
Para vencer el hambre
Brinda el maíz.
II
La mazamorra
exquisito manjar
es del maíz.
III
Rica cotufa
tostado ya el
maíz
gusta a los niños.
IV
¿Quién no ha gustado
del agradable
gofio
alguna vez?
TIRANÍA
Tanta sangre
derramada.
Tanta tristeza y
dolor.
Tanta miseria y
horror,
en mi Venezuela
amada.
Está la gente
angustiada.
El pueblo está
consternado.
¿En mi patria qué ha
pasado?
Tanta sangre
derramada.
Resentimiento y
rencor,
de un Atila tropical,
dejó su marca letal.
Tanta tristeza y
dolor.
Sembró al país de
terror
el tirano que murió.
la maldad lo castigó.
Tanta miseria y
horror.
La felicidad ansiada
por todo venezolano
protegerá al soberano
En mi Venezuela
amada.
NO
Me opongo tenazmente
que los niños de mi patria
sean como Chávez,
el tirano que murió
de maldad.
O como Ernesto “Che”
Guevara,
el médico asesino
sediento de sangre.
O como Fidel Castro,
opresor inclemente
del pueblo cubano.
O como Diosdado
Cabello,
dueño del odio
universal.
Ni como Rosinés
Chávez,
la hija del tirano
muerto
que se abanica
con dólares del tesoro.
Ni como Iris Varela,
jaquetona ella,
la que pidió anular la
ciudadanía
a la profesora Marta
Colomina.
Ni como Tarek William
Saab,
el fariseo defensor
del pueblo.
Ni como José Vicente
Rangel,
el ladino que se
olvidó de Cicerón
deslumbrado por el
poder y el oro.
Ni como Elías Jaua,
el cobarde que se
encapuchaba en la UCV
para fomentar
desórdenes,
el que destruyó con
tractores cañaverales enteros
y dijo
sarcásticamente que Franklin Brito olía a formol.
Ni como Alí Rodríguez
Araque, el comandante Fausto
que destruyó a Pdvsa.
Ni como Rafael
Ramírez, que asaltó las arcas públicas.
Ni como María
Gabriela Chávez, hija del tirano muerto,
que tiene dólares del
tesoro público en los bancos de Andorra.
Ni como Nicolás
Maduro, que le declaró la guerra a los venezolanos.
Ni como el miserable
de Francisco Arias Cárdenas, el
que llamó criminal al
tirano muerto
para después
convertirse en su lacayo.
Ni como Jorge
Rodríguez, el psiquiatra que abjuró
de su profesión para
convertirse en corrupto.
No, esos son valores
negativos.
Quiero que los niños
venezolanos tengan
la vida de
Simón Bolívar como ejemplo ciudadano.
Y la de Simón
Rodríguez.
Y la de Rómulo
Betancourt.
Y la de Luis Beltrán
Prieto Figueroa.
Y la de Rómulo
Gallegos.
COMUNISMO
I
El comunismo,
no apagará mi voz
de libertad.
II
Podrá esta plaga
llevar terror al pueblo
pero no, no.
III
Nunca podrá
su espíritu rendir
ni su bravura.
IV
Aunque su bomba
de gas letal le lance
para aplastarlo.
LLORAR
Llora el niño al nacer. ¿Por qué llorará? ¿Por qué en su inocencia teme a lo
desconocido? ¿Por qué el llanto que anuncia su llegada al mundo es la única
herramienta que tiene para protestar por la nalgada que recibe para sacarlo,
con el primer maltrato que recibe en la vida, del letargo que experimentaba en
el vientre materno?
Nuestro primer llanto anuncia que hemos llegado al mundo.
Llanto anunciador de vida.
Llanto que reclama la leche materna.
Llanto en la búsqueda del cariño apaciguador.
Pero vendrán otros llantos.
Muchos llantos.
Vendrá el llanto que expresa alegría.
Vendrá el llanto anunciador de tristeza.
Llanto real.
Llanto onírico, hondo, de tristeza extrema, que disfruto, y que surge cuando en
el sueño recuerdo, y siento, por haber dejado de vivir en Marabal de mis
amores.
¡Marabal, tan cerca y tan distante de mí!
Marabal mío.
Marabal de mi primer llanto.
Marabal de muchos llantos.
Marabal sembrado en mi espíritu que andarín y realengo viaja en sueño hasta tus
entrañas.
Marabal mío, mío.
¡Marabal de mis amores!
MUERTE
Cuando la dama invisible, amada, venga hasta mí a cobrar la deuda que todos contraemos con ella al nacer y me conduzca al ignoto mundo del que no se regresa, no quiero que de tus vivaces ojos, brillantes cual miríadas de luces solares, brote ni siquiera una lágrima delatora de la pena, que supongo, te embargará y transmutará la alegría que permanentemente ilumina tu rostro en tristeza doliente.
Yo sé, amada, que mi viaje a la eternidad será dentro de uno o dos milenios poéticos, que como ya te lo he dicho antes no guardan relación alguna con la temporalidad real. Y si para entonces me sigues amando, dueña mía, te ruego, con todas las fuerzas de mi alma ya envejecida por los años, que cada día, en mi modesta tumba, que sólo tú conocerás, porque carecerá de lápida y tendrá nada más una rústica cruz de madera que tallaron tus manos, coloques una flor del camino, amarilla, blanca o roja, de esas que en abundancia produce la naturaleza para colorear y perfumar los paisajes, pero cuya vida es efímera cual la luz de los relámpagos.
Nadie más que tú, amada, deberá saber de mi viaje sin retorno hacia ese largo túnel, de penumbras en pos de la brillante luz que hay al final para entrar, vuelto espíritu, porque mi cuerpo regresó a la tierra, al maravilloso mundo celestial en el que las penas y sufrimientos terrenos son inexistentes, dado que allí sólo tienen lugar la paz, la musicalidad, lo angelical y la alegría sin límites.
¿Lo harás, amada?
¿Si en vez de lirio, o rosa, o clavel, o mirto, amada, fuera zarza, sólo espinas o apenas hierba silvestre sin encanto, me querrías igual?
¿Si en vez de majestuosa águila, amada, o turpial de vistoso plumaje y cántico enternecedor fuera apenas frágil colibrí, melodioso jilguero, taciturno búho o leve mariposa de divinos colores y silente vuelo, me querrías igual?
¿Si en vez de guerrero invicto en mil batallas, amada, o intrépido navegante vencedor de todos los mares, o valeroso conquistador de pueblos, aldeas y ciudades de toda la faz de la tierra, fuera simplemente pusilánime soldado a quien asustan el ruido de los sables, el estampido de los cañones y la presencia de la sangre, o humilde marinero de orilla que teme adentrarse en alta mar, o asustadizo ser incapaz de abandonar su territorio por temor a lo desconocido, me querrías igual?