FRUTAS
1
Mango carvá,
rosa, dudú o briteño
son exquisitos.
2
¡Cuánta dulzura
atesora tu pulpa
oh, mandarina!
3
Crece silvestre
la diminuta mora
entre la selva.
4
Fresa exquisita
con traje nazareno
cuánto me gustas.
FRUTAS
1
Mango carvá,
rosa, dudú o briteño
son exquisitos.
2
¡Cuánta dulzura
atesora tu pulpa
oh, mandarina!
3
Crece silvestre
la diminuta mora
entre la selva.
4
Fresa exquisita
con traje nazareno
cuánto me gustas.
DOLENCIA
Tengo luto en el
alma,
tengo hiel en las
venas.
¡Esta ausencia de
calma
cómo nutre mis penas!
Tengo agrias las
tengo icor en la faz.
¡Cómo rondan gusanos
en mi vida sin paz¡
Tengo roca en los
dientes,
tengo sal en los dedos.
Dos macabras
serpientes
me consumen de miedo.
¡Cómo sangran mis
ojos!
¡Cómo sangra mi piel!
¡Cómo caen mis
despojos
por la tierra de
hiel!
¡Cómo escapa en la
brisa
de la tarde fatal
la doliente sonrisa
de mi vida banal.
EMOCIONES
Amor se escribe con
llanto
dice una bella
canción
que escucho con gran
pasión
hasta que mi goce es
tanto
que de pronto me
levanto
en mi covacha
indefensa
y mi mente nada
piensa
ni siquiera en lo que
fue.
Yo nunca sabré por
qué.
Fue su fuerza tan
intensa.
Delirio que me
adormece
y me sume en alegría.
porque siento el alma
mía
cual árbol que se
estremece
por el viento que lo
mece
y resiste con valor.
como hercúleo
gladiador..
Y de pie canta
victoria
poseído de su gloria
tan grande como el
amor.
Me emociona ver el
río,
cuando su cauce
rebasa,
y realengo se
desplaza
en el frágil
sembradío,
exhausto ya del estío
que las plantas
atacó,
hasta que el suelo
secó
y casi en erial
convierte.
Es emocionante verte
amor que vida me dio.
NADA
En mi tumba de pobre yo no quiero
Cuando trague la tierra
Mi frío cuerpo de talante austero
Que ya nada lo aterra
La ya no primorosa compañía
De la lírica prosa
O la rima que di a mi poesía
En la mágica glosa.
Ni a los cientos de textos que escribí
En revistas y diarios
Como constancia fiel de que viví
Inmerso en escenarios
RUEGO
Baja, Señor, el peso de mi cruz
que estoy cansado ya.
Pon en mi vera un poco de tu luz
que tan obscura está.
Quiero, Señor, de tu verdad sorber,
tan solo un trago puro
cuya sublimidad pueda envolver
de paz mi cuerpo impuro.
Con tu humildad, Señor, deseo
vestir tanta arrogancia
que mi vida tiene, y en el espejo veo,
reflejada en jactancia.
OFRENDA LÍRICA
A Ernesto Kahan.
Insigne poeta y
médico
Desde mi Venezuela,
hoy por malos hijos
zaherida,
mi poesía vuela
a su Argentina, en
luz desvanecida.
Quiero rendirle
honor.
venerable vate,
facultativo,
emisario de amor,
de las letras
temerario cautivo.
De mi lírica ofrenda,
-maestro de las
letras argentinas-
de su prístina senda
saldrán luces,
confites, bambalinas.
Asco me dan
los tiranuelos que,
siendo cobardes,
se las dan de
valientes persiguiendo,
asesinando
con
zafia saña
a quienes la opresión
su libertad
reduce a sombras
tenebrosas que asustan
al pueblo inerme
pero rebelde
con la verdad como arma
y su indomable
voluntad fiera
a quien no atemoriza
la metralleta,
signo de muerte
signo
de tiranía,
signo
de fuerza
ignominiosa,
opuesta a la razón
de los principios.
Me aterrorizan,
amada, los fantasmas de la noche porque me trasladan, sin mi anuencia, a
momentos de mi atormentada vida que no quiero recordar por horripilantes,
desgraciados e infelices.
¿Cómo hago,
amada, para borrar de mi angustiada mente estos recuerdos horribles que al vivenciarlos en los sueños se
convierten en terribles pesadillas y que sólo son abatidos, tras desigual
lucha, con el despertar que demora un siglo en sacarme del fuego infernal de
esos seres terribles?
Ningún
sortilegio, amada, ha podido librarme de esos fantasmas que inexorablemente
esperan, como el cazador a su presa, como el mar al río que devorará o como
el caballo que para vencer la adversidad
esperaba un rey para cambiarlo por su trono, para atraparme en sus redes y llevarme
a vivenciar oníricamente, con inevitable frecuencia, terribles instantes
pasados que hirieron con saña indescriptible mi tierna carne de entonces y mis
sentimientos rodeados de pureza e inocencia.
¿Acaso, amada,
mis pecados fueron tantos y tan terribles
para que los azotes que recibí por ellos en tiempo real no fueron
suficientes y tenga que expiarlos en los sueños que deberían ser plácidos y no
tormentosos?
NOTA: Este poema fue publicado inicialmente el 22 de junio de 2025 en el portal de la
Sociedad Venezolana de Arte Internacional (SVAI) y tuvo 191 visitas.
IMAGINACIÓN
Sentada estás a la vera
del río
gozando
silenciosa
del glamoroso y
fascinante estío
¡Oh, imagen radiosa!
Que a mi rica imaginación invita
a darte, niña bella,
una dalia y una
blanca margarita
para que cual estrella
mi barca apresurada
deje en la mar su carga de
fulgor
silente, imaginada,
envuelta en el
oleaje de tu amor.
ARROYO
En el límpido y diminuto arroyo
que nutre de vivificante agua mi ignota
y plácida covacha de sueños poéticos,
has saciado tu sed, dama imaginaria, y has bañado tu impoluto cuerpo cual lo
hiciera Eva en el jardín del Edén, cual
inocencia infantil, hasta que la serpiente la hizo pecar.
Nunca te he acompañado.
Ni nunca te acompañaré.
Porque ese riachuelo es sólo tuyo,
nutriente del jardín que me provee de
las flores
que cuando me visitas te ofrendo
generosamente
para que goces de su perfume,
y para que engalanes tus cabellos
de catarata ruidosa.
Allí se bañan en jolgorio los
pajarillos.
¡Si los oyeras cantar su libertad!
Te conoce el arroyo, dama de exquisita
ternura,
pues cuando vas a disfrutar de su
don vivificador,
aunque esté escuálido, un no sé qué
lo convierte en caudaloso,
en ágil, en abundante, en
bullicioso.
Dichoso ese arroyo, mujer
imaginaria,
que puede juguetear en todo tu
cuerpo caprichosamente.
PRODIGIO
Un beso tuyo, niña mía, en los labios,
en la mejilla o en la sien, aunque a distancia, aleja de mi avejentado cuerpo
la tristeza más grande que me embargue, la dolencia más fuerte que me aqueje y
la necesidad de amor que me acongoje.
Una sonrisa tuya, niña mía, presencial
o virtual, me hace sentir, en cada porción de mi cansado cuerpo, el poder prodigioso del amor, capaz de vencer
una tormenta, un huracán e insuflarle vida a una piedra.
El roce de tus delicadas manos, por mi
frente, niña mía, cuando el fuego de la fiebre me hace delirar y el dolor de mi
encanecida cabeza me atormenta y me hace sufrir a niveles insoportable, opera
el prodigio de la sanidad.
Tu mimosidad, niña mía, cuando mi
inspiración se amotina y no quiere derramar sobre el papel blanco cual mi mente
las palabras perfectas que les proporcionen vida al poema, al cuento o a la
epístola, vencen los obstáculos que los mantienen prisioneros y emanan
prodigiosos textos a caudales.
¡Prodigiosa niña primaveral que
iluminas mi ocaso!
ALEGRÍA
Un milenio ha,
mi niña,
me envolviste
en
tu traje de amor.
Y desde entonces en
mi vida existe
la luz de tu fulgor
que siembras de
esperanzas sumergidas
n mi alocada mente
para encontrar las voces
escondidas
en mirífica fuente.
Y gritar con
alborozo ¡Oh, albricias!
a mi covacha fría
a llegado el calor en tus caricias
y en tu dulce
alegría.