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jueves, 3 de septiembre de 2026

SECRETUD

 

 

SECRETUD

  Nuestro amor es tan secreto,  bien mío, que permanece resguardado en la caja fuerte de la covacha de sueños que me sirve de morada y que tú, cuando necesitas sentirme en ti, visitas envuelta en un traje de pobre para no herir mi humildad.

            Algunas veces, bien mío, -¿recuerdas?- tú olvidas la clave de ingreso a la impenetrable caja fuerte y el manto de la tristeza se asoma, con timidez campesina, a tu rostro sutil.

            Y mi rostro todo, bien mío, se ilumina de jocosa risa.

            Y tú, bien mío, te haces la enfadada para que yo te colme de mimos.

            Y yo, bien mío, hago como que no noto tu lucha contra el olvido.

            Y tú, bien mío, rendida, agotada, triste, sollozante, me dices con esa vocecilla tuya tan mirífica, tan romántica, tan sonora:

            -Olvidé la clave de la caja fuerte donde, primorosamente,  guardamos el tesoro de  nuestro amor, ¿Me la recuerdas?

            Y yo te susurro, al oído,  la clave.

            Y tú, brillantes los ojos de felicidad, tomas el cofrecito.

            Y me muestras su contenido al abrirlo alborozada.

           Y disfrutamos de tanto amor.

            Amor tuyo y mío.que nos prodiga vida.

            Amor tuyo y mío que nos prodiga fuerza para luchar contra la adversidad.

            Amor tuyo y mío, real y virtual.

 

CELOPATÍA

                                                                            CELOPATÍA

            Tengo celo de tu sombra, bien mío, porque te acompaña a donde quiera que vayas.

            Tengo celo del carmín que hacen más provocativos tus labios porque te besa continuamente

            Tengo celo de las aguas del río, del mar o de la ducha  donde te bañas, bien mío, porque ellas hacen un recorrido voluptuoso por todo tu cuerpo.

            Tengo celo de la tierra que pisan tus sandalias de fina factura, bien mío, porque ella besará tus pies y mantendrá parte de ti en cada pisada.

            Tengo celo de tus manos, bien mío, porque ellas tocan suavemente todo tu cuerpo.

            Tengo celo de tus ojos, bien mío, porque ellos ven otras opciones amorosas.

            Tengo celo de tu voz, bien mío, porque su melodía no la disfrutan solamente mis oídos.

            Tengo celo de todo el que te ve, bien mío, porque temo que alguien, más apuesto que yo y más corajudo, te aparte de mí.

            ¡Los celos, bien mío, me consumen lentamente!

            ¿Otelo redivivo y real celando a Desdémona?

GALANURA

 

GALANURA

    Del jardín único de mis sueños, bien mío, arranqué una rosa

para que la luzcas, feliz, en tu cabellera y te sientas más hermosa.

            Bien mío, estuve en mi placentero vergel

           y tomé para ti un clavel.

            Volé al cielo con mis alas de sueño y hurté una estrella

           para que lucieras, bien mío, más bella.

            Hice, bien mío, comiquerías

           para que rías, rías, rías.

           Visite el prado de mi imaginación

           y escribí para ti, bien mío, una canción.

            Recibí del cielo su exquisito fulgor

            y te lo ofrendé como prueba de amor.

             ¡Locura, bien mío, locura,

             como galantería a tu sublime hermosura!

 

 

CREENCIAS

 

CREENCIAS

Creo en el verbo de Dios porque alimenta mi fe, me regala vida en abundancia, enriquece mi sabiduría y aleja de mis sueños a los demonios de la noche.

 

            Creo en la naturaleza, porque es la expresión prodigiosa del verbo en el día y la noche, vigilia y acción.

 

            Y el ave canora que nos obsequia un concierto con cada amanecer.

 

            Y el mar que nos prodiga alimento y su playa para que saciemos el hambre y sintamos la caricia de las olas en nuestros cansados cuerpos.

 

            Y el Sol que aleja la noche y sazona las frutas.

 

            Y la luna  que marca el ritmo del oleaje marino y le indica al agricultor artesanal la fecha exacta de la siembra para cosechar buenos frutos.

 

            Creo en la poesía, obra de las musas, porque me permite manipular a capricho el tiempo y el espacio, la verdad y la mentira, lo feo y lo bello.

 

            Y creo en ti, amada, porque despertaste en mí el latente fervor poético que dormía desde hace milenios en el lugar más recóndito de mi atolondrada subconsciencia. 

SILENCIO

 

SILENCIO


                                                        A Milagros

 

            PARA no turbar tu silencio místico, amada,  -jTantas veces profanado por voces impuras- preferí poner a mi lengua cien cerrojos de duro metal y olvidarme –jOh, ingenuo poeta de confundida y arisca musa!- que alguna vez, hace ya muchas centurias, tuvo el don del habla.

            Y aprendí de tu silencio -¡Tan elocuente y tan pleno de belleza!- el mirífico y sin término lenguaje gesticular con el que te comunicabas, mientras permanecías sumida en profunda actitud contemplativa, con los misterios arcanos de la Naturaleza, tu amiga y confidente.

            Yo, de verbo tan efusivo y locuaz hasta el fastidio, cerré mis labios para siempre con sólo un gesto tuyo sin arrogancia y suplicante que expresó ¡Calla! cuando con doliente y conmovida voz te pedí agua para mi sed de amor, pan para el hambre que abatía a mi débil cuerpo y abrigo para proporcionarle calor a mi tristeza.

            Tras tu silencio, más expresivo que una imagen fotográfica y que la elocuencia de los predicadores bíblicos, recorrí parajes ignotos de particular ternura y libé el agua fresca de cariñosos ríos y bienhechores manantiales.

            ¡Cómo amo tu silencio, amada,  porque aprendí, al fin, a enmudecer!

 

HAMBRE

 

HAMBRE

 

            Tengo mucha hambre, amada,  después del largo viaje que me llevó a imaginarios lugares cuadrados, verticales, redondos, lumínicos, tranquilos.

            Mi hambre, amada, no puede saciarse con el exquisito pan que amasan tus delicadas manos y luego los horneas en el horno de arcilla que construí para ti.

            Ni la fresa temblorosa de tus labios en los míos.

            Ni el manjar más apetitoso.

            Ni el dátil ni la miel del ángel que alimentaron  a San Onofre en el desierto.

            No, amada, tú no puedes saciar mi hambre.

            Porque tengo hambre de sabiduría que sólo el sabio milenario que busqué en mi viaje sin destino cierto, y no encontré, por no ser digno de recibir sus enseñanzas, puede prodigarme.

            Porque tengo hambre de la humildad que mi soberbia ha arrojado a un sitio que ahora no puedo encontrar.

Porque tengo hambre de la sencillez que mi arrogancia alejó.

Algún día, amada, saciaré mi hambre.

 

PIERROT

 

PIERROT

https://www.poemas-del-alma.com/blog/wp-content/uploads/2013/06/imagenes-poemas/2e709b7.jpeg

 

            Como a ti, Pierrot, alma de la comedia del arte,

          italiano o francés,

          universal,

            más de una Colombina ha herido de muerte a mi alma.

Como a ti, Pierrot, esclavo sublime del amor, más de una Colombina ha tocado el tambor de la   indiferencia en mi covacha de sueños.

Y yo he  taponeado, con corcho, mis oídos, para no escuchar

su  sórdido sonido, tempestad en el mar.

Yo también, Pierrot, como tú, he encontrado

en mi vía de piedra, descalzos mis pies,

a más de un Arlequín que me ha alejado de mi Colombina de turno.

Yo también, Pierrot, como tú, llevo en mis pupilas, marchitas ya,

un torrente de quemantes lágrimas, mi respuesta romántica ante

la indolencia de más de una Colombina.

¿Vale la pena, Pierrot. derramar lágrimas por la Colombina que

se entrega al Arlequín de turno?

¿Vale la pena, Pierrot, entristecerse porque Colombina prefirió las bufonadas de Arlequín y despreció las nuestras?

Siempre encontraremos en nuestro camino empedrado de romanticismo, Pierrot, amigo, una Julieta, símbolo del sacrificio, para viajar con ella a la desconocida eternidad.

Librémonos, Pierrot, de Colombina.

Apiadémonos, Pierrot, de Arlequín.

 

martes, 1 de septiembre de 2026

SEGUNDOS

  

SEGUNDOS

A Esthelarez

 

            Un segundo real de tu tiempo, dama de exquisito verbo, de inspiración ilimite, de amor excepcional hacia la Colombia de su alma y de rostro fílmico o novelesco, se convierte en mi angustiada y pesadumbrosa humanidad en siglos poéticos.

            Un segundo real de tu tiempo, dama virtual que has alfombrado con singulares telas de inimaginable textura el camino por donde transito para llegar pronto a tus dominios de letras, música y mansedumbre, es la realidad poética alejada de la temporalidad más excelsa,  y tu orilla y la mía tan cercanas,  que puedo acariciar suavemente tus cabellos primorosamente conservados, mirarme en tus ojos de espejo y sentir tus trémulos labios a la espera del beso que por timidez no te ofrendaré,  y tú, inquisidora, perturbada, puedes observarme, muda, decepcionada, afligida porque tu imaginación te ha engañado al no   ser  el galán de tus sueños.

            Aún así, seguiré soñando con la dama de la Colombia del alma suya.

            Aún así disfrutaré de sus segundos reales porque yo también, como ella, amo a mi país y sufro por la adversidad que la hiere y tengo a Marabal de mis amores, donde nací un febrero atormentado.

CARICIAS

  

                                CARICIAS

Con sólo mirarte, bien mío, siento las delicadas caricias que sólo tú sabes prodigarme, porque tu mirada es hipnótica y arrobadora, capaz de transportarme a idílicos parajes inimaginables en la realidad por más encanto que ella tenga.

            Con sólo sentir, bien mío, tus delicadas manos en mi áspera frente, cuando la adversidad me agobia, cuando la angustia carcome cada diminuta porción de mi ser y cuando las quemaduras de mis andarines pies, de tanto vagar en el desierto, se hacen insufribles, todo padecimiento físico o mental desaparece y mi cuerpo y mi alma marchan armónicamente.

            Con sólo imaginarte, bien mío, aunque estés  en otro hemisferio, te siento a mi lado, en mi covacha de sueños, platicando loquedades, ofrendándome tu cariño único y haciendo travesuras, cual si fuéramos  niños de padres amorosos y tiernos.

            ¡Qué sería de mí, bien mío, si no tuviera el hechizo de tu amor!

BÍBLICAS

                                                                               BÍBLICAS

Y el ángel Gabriel amada, le comunicó a María, en mensaje onírico, el nacimiento de Jesús para que predicara el Evangelio.

            Y predicó el verbo, es decir, la palabra, es decir, Dios.

            Y por predicar la verdad murió crucificado.

            Y su muerte, amada, purgó tus pecados y los míos.

            Y purgó los pecados de quienes lo crucificaron

            Y perdonó a quien, en la cruz, devorado por la sed, le dio vinagre en vez de agua.

            Y la judía  Esther  salvó a su pueblo, casándose con el rey Asuero con una mentira blanca, que era babilónica.

            Y Edith, esposa de Lot, amada, se convirtió en estatua de sal por mirar hacia atrás para observar la destrucción de Sodoma y Gomorra, pueblos de perdición moral, que Dios maldijo.

            Y Ruth, nuera de Noemí, durmió al lado de Booz en la fiesta celebratoria de la ópima cosecha de trigo  para cumplir con la tradición judía.

            Y José fue vendido como esclavo por sus hermanos.

            Pero como José, amada, adivinaba los sueños, fue sacado de la prisión

para que interpretara el sueño repetido del faraón.

            Y el faraón, en agradecimiento, lo hizo gobernador de Egipto.

            Y José perdonó a sus felones hermanos.

            Porque así estaba escrito en el libro de la vida.

            Y yo, amada, a pesar de leer siempre la Biblia, no tengo el valor de perdonar a quienes me hieren.

            Sencillamente, los borro de mi libro.

            Los convierto en inexistentes.

            Soy, amada, un mal lector de la Biblia.

            Del viejo y el nuevo testamento.

            ¿Y tú?

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