MOSAICO
Amor de siempre,
amor efímero,
amor platónico,
amor desvanecido
en ilusiones vanas.
LUJURIA
¡Labios ardientes!
¡Labios provocativos!
Labios que invitan
al amor lujurioso
en tiempo ilimitado.
OCASO
Ya en el ocaso,
de mi vida sin gozo,
siento las piernas
lasas, debilitadas,
y no puedo correr.
CONFIDENTE
Río de mi alma.
Río de Marabal,
dueño de mis
recuerdos,
confidente inmortal
de mis primeros años.
PERSECUCIÓN
¿Por qué persigues,
después de tantos
años,
a quien heriste?
¡Cómo duelen los
golpes
GUARDIANA
¡Virgen María!
¡Guardiana de mi
sueños!
¡Madre de Cristo!
Quiero viajar contigo
a los lugares
bíblicos.
DÍA
Un día más
¡Oh, Dios!, me has
regalado
para gloriarte.
¡Qué gozo
experimento!
¡Cuánta felicidad!
PRODIGIO
Si fueras flor
silvestre del camino,
con el amor,
¡Prodigio de la
vida!,
perennidad tendrías.
SONRISAS
Dijiste, musa, vestida con traje verde paisaje bucólico, desde ¡Qué sé yo que poética galaxia! que mi búsqueda durante milenios del amor ágape que he ansiado para darle sentido a mi vida en el valle de lágrimas y de angustias en donde se encuentra sumergida, la encontré en ti al despertar “sonriendo al viento y al amor”, a los que agregué, por impulso irrefrenable de los infinitos sentimientos de ternura que afloraron en mi memoria, repleta de tantos sentimientos intrusos y feos, sonrisas de ternura silvestre, como la belleza de la flor del camino, efímera y única, como la inocencia del niño campesino que fui y marcó mi existencia, como la intranquila mariposa que va de flor en flor para sorber el néctar vital y como los rostros de los amantes reflejados en el espejo mágico de un aljibe que se deshace con el golpe de una pequeña piedra para recomponerse automáticamente.
Sonrisas que por íntimas nadie escuchará.
Sonrisas que no alejarán la tristeza que consume mi alma.
Sonrisas que ni siquiera tendrán el eco de una montaña.
CELOPATÍA
Tengo celo de tu sombra, bien mío, porque te acompaña a donde quiera que vayas.
Tengo celo del carmín que hacen más provocativos tus labios porque te besa continuamente
Tengo celo de las aguas del río, del mar o de la ducha donde te bañas, bien mío, porque ellas hacen un recorrido voluptuoso por todo tu cuerpo.
Tengo celo de la tierra que pisan tus sandalias de fina factura, bien mío, porque ella besará tus pies y mantendrá parte de ti en cada pisada.
Tengo celo de tus manos, bien mío, porque ellas tocan suavemente todo tu cuerpo.
Tengo celo de tus ojos, bien mío, porque ellos ven otras opciones amorosas.
Tengo celo de tu voz, bien mío, porque su melodía no la disfrutan solamente mis oídos.
Tengo celo de todo el que te ve, bien mío, porque temo que alguien, más apuesto que yo y más corajudo, te aparte de mí.
¡Los celos, bien mío, me consumen lentamente!
¿Otelo redivivo y real celando a Desdémona?