GOLONDRINA
¡Oh golondrina!
No detengas tu vuelo
tan misterioso.
BESOS
La dulzura del níspero
y de la
miel,
compiten
con tus besos
de caña
dulce.
¡Besos de amor bañados!
¡Besos
dulcineos!
¡Besos azucarados!
¡Besos
canela!
Besos de colibrí,
apurados,
fugaces
cual
agua clara
del río
de mi vida.
Besos volados,
a
cercana distancia,
a los
seres afines
directos
al alma.
Besos eróticos
que
recorren el cuerpo
para
que vibren
en
ritual amatorio.
Besos fogosos,
besos
amelcochados,
besos
suspiro
en
golosina inmersos.
Besos poéticos,
recubiertos
de rima,
que el
trovador
a su
amada recita.
GOTAS
Gotas
de amor
para alegrar al alma
entristecida.
Gotas
de lluvia
para limpiar las huellas
de la impureza.
Gotas
de vino
para calmar las penas
de la ansiedad.
Gotas
de almizcle
para que huelas, mujer,
a única esencia.
Gotas
de nieve
para anunciar al mundo:
¡Llegó el invierno!
Gotas
de luz
para alejar las sombras
perturbadoras.
Gotas
de esencia,
traídas del Oriente,
para tu cuerpo.
Gotas
de risa
para alegrar tu vida,
alma, bien mío.
SIMBAD
Viajé contigo,
Simbad, audaz marino,
de polizón.
Era muy niño.
por la inocencia lleno
de fantasías.
Nunca me viste.
escondido en tu nave.
Fui marinero.
¡Maravilloso!
conocí las bondades
de ignotos pueblos.
Dulce aventura
que enriqueció mi vida
de campesino.
¡Cuánto te añoro,
compañero infantil
que me olvidó!
Sigues conmigo,
marinero de sueños,
en mi vejez.
Dolencia
Tengo luto en el alma,
tengo hiel en las venas.
¡Esta ausencia de calma
cómo nutre mis penas!
Tengo agrias las manos,
tengo icor en la faz.
¡Cómo rondan gusanos
en mi vida sin paz¡
Tengo roca en los dientes,
tengo sal en los dedos.
Dos macabras serpientes
me consumen de miedo.
¡Cómo sangran mis ojos!
¡Cómo sangra mi piel!
¡Cómo caen mis despojos
por la tierra de hiel!
¡Cómo escapa en la brisa
de la tarde fatal
la doliente sonrisa
de mi vida banal.
Poesía
¡Cuán
generosa, poesía, de luz vestida, has sido conmigo, barco a la deriva, nómada
impenitente, huérfano de amor, fracasado guerrero, trovador atormentado! Tu
brillantez me hizo vencer las sombras que interrumpían mi viaje sin destino y
la oscurana que entorpecía, con su negritud de susto, el fluir exacto de las
ideas escondidas en lo más recóndito del alma. Tu dulzura de miel silvestre,
que tan copiosamente me diste cuando la amargura quiso apoltronarse en mi débil
corazón, me puso en contacto con el prodigio de la alegría y así abatí mi
tristeza milenaria. Tu gracia, poesía de encanto encinta, me trasmitió la
fuerza vital con la cual libero mi memoria, longeva ya, la creatividad que hago
navegar en el ciberespacio.
Tu don,
poesía ataviada con un primoroso traje de sueños, hizo el milagro de la
ubicuidad para estar en mi solitaria orilla y en la orilla de mi amada, sin que
ella lo sepa.
Tu
vigor, poesía cargada de belleza única, con sólo presentirte, me ha insuflado
fuerza para ser dueño del tiempo y del espacio, del lucero que aparece en la
noche para acompañar a la luna en su brillantez nocturna, del camino que parece
no tener fin, de la imaginación con la que fabrico fabulosos palacios donde
moran princesas que no envejecen, fantasmas que no asustan, bufones fastidiosos
y sapos esperando el beso de la amada para convertirse en príncipes y de ti,
poesía graciosa.
SONRISAS
Dijiste, musa,
vestida con traje verde paisaje
bucólico, desde ¡Qué sé yo que poética
galaxia! que mi búsqueda durante milenios del amor ágape que he ansiado para
darle sentido a mi vida en el valle de lágrimas y de angustias en donde se
encuentra sumergida, la encontré en ti al despertar “sonriendo al viento y al
amor”, a los que agregué, por impulso
irrefrenable de los infinitos sentimientos de ternura que afloraron en mi
memoria, repleta de tantos sentimientos intrusos y feos, sonrisas de ternura
silvestre, como la belleza de la flor del camino, efímera y única, como la
inocencia del niño campesino que fui y marcó mi existencia, como la intranquila
mariposa que va de flor en flor para sorber el néctar vital y como los rostros
de los amantes reflejados en el espejo mágico de un aljibe que se deshace con
el golpe de una pequeña piedra para recomponerse automáticamente.
Sonrisas que por
íntimas nadie escuchará.
Sonrisas que no
alejarán la tristeza que consume mi alma.
Sonrisas que ni
siquiera tendrán el eco de una montaña.
Rosal
Saca el rosal
de silenciosa rosa
la espina que hiere
al rapaz dedo
de la mano que
ultraja
su tesoro luz.
Silencio albo
la rosa blanca
ofrenda
a los amantes.
Mudez dorada
brinda la rosa
amarilla
al jardinero.
Silencio mar
obsequia la azul rosa
al marinero.
Silencio musa
les da la rosa lila
a los poetas.
Roxy
Te
busqué, amiga del alma, apoltronada cómodamente en el lugar más exquisito de mi
corazón, en cada resquicio del ciberespacio, y no te hallé. Te
busque, Roxy, amiga ideal, en Iniciación,
el poemario que iba a ser mi primigenio y te dediqué, y por desidia y
limitación económica, nunca publiqué, de lo cual no siento remordimiento, pues
analizados con el crisol del tiempo, comprobé sus debilidades líricas y no pude
encontrarte. Te busqué entre los rastrojos, ya casi extinguidos, de nuestra
vivencia en Salamanca, cuando cual guía turística me mostraste el escenario
donde se desarrolló la trama de la novela El Lazarillo de Tormes y
el pupitre donde se sentó Fray Luis de León, luego de su excarcelación, y
pronunció la frase que lo inmortalizó, “Como decíamos ayer” y no encontré
huellas tuyas, amiga única, que tanto elevó mi confundido espíritu, en aquellas
largas conversaciones telefónicas que sosteníamos para mitigar los efectos
desagradables de la guardia nocturna en la Policía Judicial, vehículo de
nuestra amistad. Te busqué, exquisita amiga, en el recuerdo ya añejo por el
tiempo debilitó, en la epístola que me enviaste a Washington para darme la
buena nueva de tu viaje a España a seguir estudios universitarios y mi esfuerzo
fue fallido.
Pero
estabas en mi subconsciente, inolvidable amiga Roxy, y te posesionaste de mi
sueño, morada de muchos huéspedes intrusos que evitaría ver en la realidad por
hipócritas, y resurgió nuestra amistad, que parecía tan real, que hasta te
pregunté por Ñañita, tu bondadosa madre, cuyo nombre de pila nunca me preocupé
de averiguar.
¿En
dónde estás, Roxy, amiga del alma? ¿Cuánto estrago has sufrido de los años?
Vives
en mis sueños, Roxy única, amiga de siempre, y de allí nadie te expulsará.
Güicha
Llenaste de belleza, amiga siempre en
lugar predilecto de mi añejo corazón, los primeros años de mi atormentada vida.
Tú, como yo, sentiste en tu debilucho
cuerpo el dolor de la perversidad de tu madrastra, mala en grado sumo, que cual
el hada mala de los cuentos que por primera vez me sumergieron en el mundo de
lo maravilloso contigo, sonreía siniestramente. de su crueldad.
Sufriste, Güicha, estoicamente,
el fuego horrible que brotaba de su boca, parecido a los de los dragones,
personajes malos de los cuentos que leí porque tú me los prestabas, pero no le
diste el gusto de que gozara con las lágrimas que ella esperaba que surgieran
de tus ojos, producto del maltrato, ni gritaste, ni pediste auxilio.
Fuiste rebelde ante la adversidad,
compañera de juegos interminables, inductora de mis primeras lecturas.
Por ti, amiga de mis primeros años,
conocí al “Patito Feo”, a “Aladino y la lámpara maravillosa”, a “Simbad el
marino”, a “Alí Babá y los 40 ladrones”, a “Blanca Nieves”, a “Pulgarcita”, a
“Cenicienta” y muchos otros personajes que en mi ingenuidad campesina creí
reales.
Tú, amiga inolvidable, buscaste
auxilio en la doctrina cristiana y te internaste en un convento. Allí te vi por
última vez.
¿Dónde estás, Güicha?
Sé, porque palpé tu bondad en esos terribles
primeros años nuestros, que en cualquier lugar del mundo donde te encuentres,
estarás prodigando el bien.
Sé que no hay odio en tu corazón.
Y si estás en los prados del Señor,
cabalgas con los ángeles en un brioso caballo etéreo, parecido al de los
cuentos que leí por ti.