PERSECUCIÓN
¿Por qué persigues,
después de tantos
años,
a quien heriste?
¡Cómo duelen los
golpes
contra el amor ingenuo!
PERSECUCIÓN
¿Por qué persigues,
después de tantos
años,
a quien heriste?
¡Cómo duelen los
golpes
contra el amor ingenuo!
FEALDAD
¡Qué feo el día!
¿Será que llorarán,
quizás, las nubes?
¿Sus lágrimas vitales
bendecirán los
campos?
ALTAR
En el altar,
de mi alma pecadora,
estàs, bien mìo,
entronizada cual
el ángel de mi guarda
LUMBRE
Me introduje, bien mío, en lo más profundo de la selva para derribar, y luego convertir en leña, al más soberbio de los árboles de sándalo, el que perfuma al hacha que lo hiere, para que la lumbre de nuestro artesanal fogón plenara de perfume cada rincón de la covacha de sueños donde hemos disfrutado de inigualables momentos de felicidad.
Y para que la calefacción que emane de la estufa donde secamos nuestros cuerpos empapados de agua de lluvia o tiritando del frío invernal, además del simpático y amable calor nos perfume.
Y para que el humo que salga de la chimenea, en vez de contaminar el aire y las plantas, les cubra de un halo perfumado y amistoso.
Y para que el alimento, bien mío, que prepares con tus delicadas manos, al salir del fuego, además de tener la cocción exacta para que cuando lo comamos disfrutemos de su ricura y exquisitez, posea ese toque de aroma silvestre.
¡Qué nunca se apague, bien mío, de mi covacha de sueños, esa lumbre símbolo de amor, de amor de siempre!
CAFETO
I
Bajo la sombra
propicia del bucaro
crece el cafeto.
II
Y del cafeto,
ya maduro y molido,
surge el café.
III
Y del café,
en greca o colador,
brota un aroma.
IV
Y con su aroma,
se estimula la vida
todos los días.
FRUTAS
I
Mango carvá,
rosa, dudú o briteño,
son exquisitos.
II
¡Cuánta dulzura
atesora tu pulpa
oh, mandarina!
III
Crece silvestre
la diminuta mora
entre la selva.
IV
Fresa exquisita,
con traje nazareno
¡Cuánto me gustas!
MAIZ
I
Nutricia arepa
Para vencer el hambre
Brinda el maíz.
II
La mazamorra
exquisito manjar
es del maíz.
III
Rica cotufa
tostado ya el
maíz
gusta a los niños.
IV
¿Quién no ha gustado
del agradable
gofio
alguna vez?
TIRANÍA
Tanta sangre
derramada.
Tanta tristeza y
dolor.
Tanta miseria y
horror,
en mi Venezuela
amada.
Está la gente
angustiada.
El pueblo está
consternado.
¿En mi patria qué ha
pasado?
Tanta sangre
derramada.
Resentimiento y
rencor,
de un Atila tropical,
dejó su marca letal.
Tanta tristeza y
dolor.
Sembró al país de
terror
el tirano que murió.
la maldad lo castigó.
Tanta miseria y
horror.
La felicidad ansiada
por todo venezolano
protegerá al soberano
En mi Venezuela
amada.
NO
Me opongo tenazmente
que los niños de mi patria
sean como Chávez,
el tirano que murió
de maldad.
O como Ernesto “Che”
Guevara,
el médico asesino
sediento de sangre.
O como Fidel Castro,
opresor inclemente
del pueblo cubano.
O como Diosdado
Cabello,
dueño del odio
universal.
Ni como Rosinés
Chávez,
la hija del tirano
muerto
que se abanica
con dólares del tesoro.
Ni como Iris Varela,
jaquetona ella,
la que pidió anular la
ciudadanía
a la profesora Marta
Colomina.
Ni como Tarek William
Saab,
el fariseo defensor
del pueblo.
Ni como José Vicente
Rangel,
el ladino que se
olvidó de Cicerón
deslumbrado por el
poder y el oro.
Ni como Elías Jaua,
el cobarde que se
encapuchaba en la UCV
para fomentar
desórdenes,
el que destruyó con
tractores cañaverales enteros
y dijo
sarcásticamente que Franklin Brito olía a formol.
Ni como Alí Rodríguez
Araque, el comandante Fausto
que destruyó a Pdvsa.
Ni como Rafael
Ramírez, que asaltó las arcas públicas.
Ni como María
Gabriela Chávez, hija del tirano muerto,
que tiene dólares del
tesoro público en los bancos de Andorra.
Ni como Nicolás
Maduro, que le declaró la guerra a los venezolanos.
Ni como el miserable
de Francisco Arias Cárdenas, el
que llamó criminal al
tirano muerto
para después
convertirse en su lacayo.
Ni como Jorge
Rodríguez, el psiquiatra que abjuró
de su profesión para
convertirse en corrupto.
No, esos son valores
negativos.
Quiero que los niños
venezolanos tengan
la vida de
Simón Bolívar como ejemplo ciudadano.
Y la de Simón
Rodríguez.
Y la de Rómulo
Betancourt.
Y la de Luis Beltrán
Prieto Figueroa.
Y la de Rómulo
Gallegos.