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domingo, 6 de diciembre de 2015

ZAGALA

ZAGALA

Y
o amé a la zagala, más que por sus atributos físicos, ciertamente pródigos, por la exquisita espiritualidad que brotaba, cual río crecido, de todo su ser, el esplendor de su aura y la claridad de verbo magnífico.
         Íbamos al río, amada, cuantas veces nos placía para escuchar, siempre sorprendidos y maravillados, el melodioso cánticos que los pájaros de todos los colores ofrendaban al líquido elemento, saciada ya su sed; el ruido de cristal que anunciaba el infinito paso del agua por el empedrado y arenoso camino; el rumor del viento, suave como el algodón, y el eco de nuestras voces al chocar, altaneras, contra la cercana montaña.
         Ese río, amada, del que tantas veces te he hablado, no es producto de mi poética inspiración, como lo es la zagala, o como lo eres tú. Tampoco es el bello recuerdo de un sueño que quise eternizar.
         Ese río es real y plenó de ventura mi ya lontana infancia y parte de mi adolescencia, y en mi madurez es un canal de comunicación que vincula, con asombrosa precisión, lo pasado y lo presente. Está en Marabal, el pueblo que me parió hace muchas lunas.
         ¿Sabes qué, amada? De mis primeros años de vida, aquellos donde lo único que conceptúo relevante es la ingenuidad de  niño campesino, sólo salvaría, si pudiera hacerlo, la parte que compartí con el río, pues su elocuente mudez sirvió de aliciente, sin comprenderlo entonces, a mis pequeñas penas.


AMOR

AMOR
Para Arelis

I
ncansable viajero, tenaz orfebre de ilusiones fugaces, poeta de dolorido canto, debí cabalgar muchas lunas en mi raudo potro de ensueño buscándote en el reducido contorno de un universo que sólo existe en la infinita excelsitud la imaginación y en el sencillo gesto de la ingenuidad.
         Y cuando al fin cesó mi búsqueda, porque te presentaste sin la galantería de la espera, envuelta en violáceo traje, esplendente como el simbolismo de la cómplice tarde, y risueña cual el rostro de la inocencia infantil, desapareciste fugazmente, al igual que la estrella de mirífico cielo y que la silvestre flor del camino, donde tantas veces apoyé mi cansado cuerpo, luego de agotadora jornada.
         Y como ahora sé que existes, que no eres la imagen incorpórea de un sueño tiernamente construido, aunque inalcanzable, porque mi potro ha envejecido, mi voz se ha quebrado y la luz de mis ojos es ahora apenas leve resplandor, he regresado a lo cotidiano, a lo simple, porque tu recuerdo, amada, la seguridad de tu existencia, han obrado el milagro de reconciliarme con la vida, voluble, hasta tu fugaz aparición.
         ¡Cómo quise que en vez de fugaz tu presencia hubiese sido eterna¡ Habríamos ido, ¿verdad?, a llevarle flores a Amal pequeña Sudha, y guiados por El Principito habríamos emprendido, cargados de libros, hacia todos los confines de la tierra para leerles cuentos a los niños y enriquecer el maravilloso mundo de la imaginación infantil.




viernes, 4 de diciembre de 2015

SINCERIDAD

SINCERIDAD

  S

ería insincero conmigo y contigo, dulce amada, si en un rapto de intenso romanticismo para agradarte y alegrar tu espíritu te confesara que soy como el sándalo que perfuma al hacha que lo hiere, que ama a sus  enemigos, que a quien me golpea una mejilla le pondré la otra y que creo que sólo el que ama puede castigar.

BAUTISMO

BAUTISMO

En el Jordán
Al Cordero de Dios
Bautizó Juan.


jueves, 3 de diciembre de 2015

MARABAL

MARABAL
A Reynaldo Suárez
        
    
        

       Yo nací, amada prodigiosa, en un pueblecito arrullado por el canto de alborotadas guacharacas, el jolgorio de las hojas de debiluchos platanales y el melodioso y rítmico correteo de su río, que se perdía entre la blanca red de la arena para aparecer, más torrencial, en otra parte, luego de recorrer un túnel acuoso que nunca conocí, por lo infranqueable y lo hermético que era.
Marabal es el nombre de ese pueblecito, ahora parroquia, amada generosa cual Yomo, el que me contaba cuentos y me espantaba los duendes en las noches de miedo, que eran cuando tronaba y relampagueaba, cual tío Vicente, que me regalaba cañas y naranjas  chinas y me fabricaba zarandas, cual la señora Sabina, que era la abuela de todos los niños marabalero, cual la señora Dorotea Frontado, que me obsequiaba mango carvá, cual Mercedes Lárez, que daba de lo poco que tenía,  y cual el señor Felipe, que me brindaba ponche en las mañanas y cariñosamente secaba mis lágrimas y acallaba mi llanto.
Andarín de mil caminos, amada tolerante de mis impertinencias, !Cómo he añorado en mi incesante trajinar por el mundo la fresca ternura de las aguas del río de mi infancia, en el que ahogué mis dolores y disfruté de inenarrables alegrías¡
 No he visto, comprensiva amada, en las mil comarcas que he visitado, ni un paisaje, ni un amanecer, ni un atardecer, ni un río como los de mi infancia distante en Marabal.
Allí, devota amada, aprendí a amar los libros llevado de la mano de Evelio Suárez, el que vivía en la hacienda de Los Ramírez y me arreglaba la vieja vitrola traída por mi padre, Guzmán, de Trinidad.
Por Evelio, fervorosa amada, que me prestó El Conde de Montecristo, Aura o las violetas, Las mil y una noches, Amalia, El Mártir del Gólgota, Los tres mosqueteros,  y María, viajé a maravillosos mundos en alfombras mágicas, supe de la prisión de Edmundo Dantés en el castillo de Iff y de su escape al morir el abate Farías, en el lienzo de muerto que lo lanzó a la libertad; conocí la tristeza literaria tras el fallecimiento de Aura y de María, me enteré de la muerte de Jesucristo, crucificado, en el cerro de El Calvario; me hice mosquetero de la corte francesa y  amé a Amalia y odié al tirano argentino Juan Manuel Rosas. Creo, tierna amada, que desde entonces, en mi distante inocencia campesina, sentí repulsa hacia los dictadores.
En la hacienda Ramírez, amada infinita, había la única casa de balcón de Marabal, a donde iba con frecuencia, y a la que he vuelto en alas del sueño al igual que a la vieja casa donde nací, un febrero atormentado. No sé por qué, amada encantadora, esta casa se me pareció a la de Amalia, la de la novela homónima, que no está en mi biblioteca porque no la he encontrado en ninguna librería.
Allí, candorosa amada, conocí a Paola, sobrina de Evelio e hija de Reynaldo, quien para hacerme poner bravo me decía, sonriendo, que era mi novia.
Esta niña, floreciente amada, según mi patrón de belleza de la infancia, me pareció feísima. No la he visto más, dulce amada, ni tampoco a Reynaldo.
                                              
Epílogo
 Amada: Años después de haber escrito este texto visité Buenos Aires, la ciudad de Amalia y me llené de sus  recuerdos. Y ahora    sí tengo en mi biblioteca tan exquisita novela, no porque la compré en Argentina. Me la trajo de ese país mi hijo Gustavo Adolfo, conocedor de mi simpatía por esta obra.                 



    

BLOQUEO

BLOQUEO

Mi pobre memoria
 Con tanto documento

Se ha bloqueado.

miércoles, 2 de diciembre de 2015

GRIAL

GRIAL

         Un día de luminosa locura, de beatífica paz, de eucarística mansedumbre, de silencio conventual y de mirífica religiosidad, tomé, con exquisita suavidad, mi obsoleta y raída vestimenta de peregrino, pretendí, amada de todos los tiempos, de todas las circunstancias y de todas mis vicisitudes y flaquezas, emprender un largo viaje que me llevaría a los más recónditos e ignorados lugares de la tierra, y que concluiría con el hallazgo, en una remota aldea cuyo nombre nunca indagué, como tampoco su exacta o aproximada ubicación.
         ¿Qué me llevó hasta allí, renunciando al encanto de tu melodiosa voz, a la ternura sin límites de tu regazo, a la frescura temblorosa de tus labios, a la suavidad imantada de tu dúctil cabellera, al brillo deslumbrante de tus ojos y al aroma hechizante de tu cuerpo todo? ¡Ay, amada! En mi locura fascinante quería sorber vino en la sagrada copa donde Jesús, El Hijo del Hombre, brindó por última vez con sus discípulos, uno de los cuales, Judas Iscariote, lo entregó a sus enemigos por treinta miserables monedas. Y lo hice, ¿sabes? y con el vino que libé se abrió para mí toda la sabiduría del mundo y mi espiritualidad recibió el don de la abundancia  y dejé de ser débil y comprendí que para acceder a la felicidad sin fronteras ni barreras hipócritas tenía que regar cada día, con agua pura de manantial, las flores de mi locura.





ENVIDIA

ENVIDIA

No sentí envidia
Por el que prosperó
Con gran esfuerzo.

Sí,  me alegré,
Y seguí su  lección

Y triunfar pude.

martes, 1 de diciembre de 2015

AMADA

AMADA

   
¿Si en vez de lirio, o rosa, o clavel, amada, fuera zarza, sólo espinas o apenas hierba silvestre sin encanto, me querrías igual?
         ¿Si en vez de majestuosa águila, amada, fuera apenas frágil y silente colibrí, o jilguero, o leve mariposa de divinos colores, me querrías igual?
         ¿Si en vez de guerrero invicto en mil batallas o navegante diestro en todos los mares, o conquistador victorioso de pueblos, aldeas y ciudades, fuera pusilánime soldado a quien asustan el ruido de los sables, el estampido de los cañones o asustado marino que tiembla ante la más débil tormenta, me querrías igual?


HEREDAD

HEREDAD

Me volví manso
Para tener la tierra

Como heredad.

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