CARGADO
Estás, amor,
en la profundidad
de mi dolido
espíritu cargado
de recuerdos fatales.
UNIVERSO
En mi universo,
construido con
sueños,
no morarás
tirano genocida.
¡Emisario del mal!
Aunque me separe de ti, bien mío, un millón de millas o una centuria,
tengo la sensación gratificante de que estás junto a mí y de que ambos somos
primavera u otoño, luz de una misma fuente de energía y fuego de la misma
estufa, de carbón o eléctrica.
Tengo la sensación de tu presencia, bien mío, en tu aroma,
único, que se adhiere como el agua al río, el silencio a la soledad y la
sombra a la penumbra, en cada diminuto espacio de mi covacha de sueños, en cada
capullo de rosa que se abre para mostrar su belleza íntima, en cada cántaro
donde has libado vino, en el paisaje natural que hemos disfrutado juntos y en
el canto de los pájaros al levantarse con la aurora y al acostarse con el crepúsculo.
Tengo la sensación de tu compañía, bien mío, aunque tu orilla esté
distante de la mía, en los sueños, cuando duermo plácidamente; en los poemas
que he escrito para que solamente tú los leas y en los gratos recuerdos de la
felicidad que me has obsequiado para que la tristeza no se aloje en mí.
¡Sensaciones, bien mío, que me insuflan vida!
¡Sensaciones que me alertan, bien mío, de que en ésta o en otra vida,
resplandecerá nuestro amor en mi covacha de sueños!
TORTURADOR
¿Acaso te crees,
feroz torturador,
que la justicia
no cobrará algún día
tus crímenes
horrendos?
CIBERDELITOS
Los delincuentes,
en el ciberespacio,
usan mil formas
para estafar a
incautos.
¡Qué infames! ¡Qué
perversos!
Te
lo juro, amada, que si de mi voluntad única hubiera dependido la determinación
suma de cuanto sería mi vida como oficiante, muy distinto sería mi destino,
pues ninguna de las mil actividades laborales que he realizado para subsistir
guarda relación con lo que quise realmente hacer, ya que he aterrizado en ellas
cual avión sin rumbo.
Yo hubiera querido ser, por
ejemplo, carretero para hacer largos viajes en rutas asaz conocidas, seguro de
que a mi regreso tú me esperarías, amada, en la puerta de nuestra humilde
vivienda, con los brazos abiertos y una sonrisa delatadora de la felicidad
derivada de un evento, que no por
rutinario, deja de ser encantador y fascinante para ambos, que medimos la
intensidad de nuestro amor con la vara de la gratificación espiritual que nos
depara, desechando la banalidad de lo efímero material. O también, amada,
jardinero para cuidar, celosamente, ese don de las plantas florales, de todos
los colores y perfumes que la naturaleza, inmerecidamente, ofrendó al hombre,
su peor enemigo. O podría haber sido labrador para compenetrarme con la tierra
y extraer de sus entrañas el jugo de la vitalidad. O finalmente, marinero o pescador
para escudriñar la líquida ruta de los mares y conocer sus secretos.
LIRIO
¿Por qué tú, lirio,
no quieres florecer
en mi jardín de
sueños?
¡Oh flor encantadora
de luz iluminada!
BORRACHO
¡Pobre borracho!
Del licor prisionero
inexorable.
El cuerpo envenenado.
La mente dislocada
FEALDAD
¡Qué feo el día!
¿Será que llorarán,
quizás las nubes?
¿Sus lágrimas vitales
bendecirán los
campos?