OTOÑAL
¡Llegó el otoño!
Los árboles se quitan
su cabellera.
OFICIOS
Te lo
juro, amada, que si de mi voluntad única hubiera dependido la determinación
suma de cuanto sería mi vida como oficiante, muy distinto sería mi destino,
pues ninguna de las mil actividades laborales que he realizado para subsistir
guarda relación con lo que quise realmente hacer, ya que he aterrizado en ellas
cual avión sin rumbo.
Yo
hubiera querido ser, por ejemplo, carretero para hacer largos viajes en rutas
asaz conocidas, seguro de que a mi regreso tú me esperarías, amada, en la
puerta de nuestra humilde vivienda, con los brazos abiertos y una sonrisa
delatadora de la felicidad derivada de un evento, que no por rutinario,
deja de ser encantador y fascinante para ambos, que medimos la intensidad de
nuestro amor con la vara de la gratificación espiritual que nos depara,
desechando la banalidad de lo efímero material.
O
también, amada, jardinero para cuidar, celosamente, ese don de las plantas florales,
de todos los colores y perfumes que la naturaleza, inmerecidamente, ofrendó al
hombre, su peor enemigo. O podría haber sido labrador para compenetrarme con la
tierra y extraer de sus entrañas el jugo de la vitalidad. O finalmente,
marinero o pescador para escudriñar la líquida ruta de los mares y conocer sus
secretos.
LAGAR
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Tus menudos
y delicados pies de princesa, amada, y los míos de labrador, rústicos y
ordinarios, bailaron incesantemente con el melodioso canto de un turpial de
ufano porte, sobre las frágiles uvas lilas y glaucas, recién cosechadas, para
extraerles el dulce y generoso zumo que transmutamos en vino bienhechor el
cual libamos, hasta embriagarnos amorosamente, como ofrenda de gratificación
a la madre tierra, por ser tan generosa; al agua, por nutrir las vides
durante todo el mirífico proceso de crecimiento, y al sol por darle la exacta
maduración al fruto, final feliz de una esperanzadora jornada agrícola meses
atrás. Inexpertos
como lo éramos, amada, en el arado de la tierra para someterla y arrancarle
el prodigioso premio vital escondido en sus entrañas, sabíamos que con
tenacidad ilímite, paciencia suprema y aprendizaje permanente podíamos
domeñarla, amistarnos con ella, para así cosechar el fruto que luego, en
festivo ritual, comimos y sorbimos golosamente hasta extasiarnos, calmadas ya
nuestra sed nuestra hambre. Esta
tierra, amada, escogida al azar para cultivar nuestras vides, no era
ubérrima; sin embargo, la amorosa dedicación que le ofrendamos hizo el
milagro de la abundante fructificación |
ENVIDIA
¡Cómo envidio, bien mío, al agua
que recorre tu cuerpo para limpiarlo y vitalizarlo!
Sabe tu cuerpo que después del
baño purificador recibirá el premio del exquisito perfume que le ofrendarás
para dejar tu huella femenina impregnada en los lugares por donde pasees.
Una mujer recién bañada, bella
como tú, abunda en hermosura.
Y envidio también al hombre que
ha tenido la dicha de disfrutar ese aroma único.
Y envidio a la sombra que vino
contigo al mundo para acompañarte hasta el fin de tus días, cuando regreses a
la madre Tierra a hacer realidad la sentencia bíblica “polvo eres y en polvo te
convertirás”.
¡Yo quisiera ser tu sombra,
sí, para estar siempre junto a ti para
llenarme de vida!
Y envidio a los oídos que cada
día te escuchan porque se nutren de tu armonía… y al recipiente donde tomas el
vital líquido, el café mañanero o la bebida porque él, bien mío, recibe el
néctar de tus labios que nunca besarán los míos.
Y envidio al aire que respiras
porque entra en ti y te oxigena.
MENTALIZACIÓN
Para refrescar tu cuerpo, amada, ardoroso
por la calidez del clima, que había llegado extremo insoportable, utilicé el
poder de mi mente, fuerte como el acero, el diamante y la roca, que me confió
sus milenarios secretos de longevidad, al trocar su notoria taciturnidad en
locuacidad.
Entonces,
pude transformar la furiosa velocidad del huracán en grácil y débil brisa para
expulsar el sofocante calor que te hería y reducir la caudalosa corriente del
río en apacible fuente de cristalinas aguas para que te bañaras en ellas,
calmaras tu insaciable sed y te libraras de la inquietud provocada por el
quemante verano.
El
poder de mi mente, que tú agigantas, amada, para que fuera más eficaz,
convirtió para ti el desierto en jardín edénico, en ofrenda galante que
llevaría el cántico de las bullangueras aves y el melodioso rumor del agua de
manantial a tus oídos para alegrarte la vida, perfumaría tu cuerpo el aroma
prodigioso de las abundantes flores y te vitalizaría la convivencia con la
naturaleza en su condición más sublime y pura.
Mi
potencia mental, que utilicé para fortalecer tu felicidad, amada,
materializando tus románticos caprichos y mis deseos innúmeros de hacerte
dichosa, sin importarme los medios ni los costos, transformó la inaccesible
montaña en preciosa pradera para que correteáramos libremente, admiráramos el
cielo y su inmensidad, fabuláramos sobre lo que nos ofrecía la naturaleza y
meditáramos largamente, como dos ermitaños en la profundidad de un desconocido
desierto.
COLOFÓN
A ti, amada omnisciente y ubicua, producto
de mis vivencias oníricas, de mis fantasías y una que otra realidad, van
dirigidas estas páginas que debieron haber tenido vida hace siglos o quizás
milenios.
Porque
yo, amada inmortal y luminosa, he vivido muchas vidas, y ésta de ahora, que he
compartido contigo y con muchas otras doncellas, es apenas la continuación de
una existencia anterior, que presumo transcurrió en una friolenta aldea de
labradores de inconmensurable altura, y el pórtico de otra ya cercana que no sé
cómo, cuándo ni dónde se materializará.
¿Por
qué te hablo de siglos y milenios en vez de años y meses, como sería lo
natural? Porque mi discurso, simple como una gota de agua y diáfano como la
sonrisa de un niño, está expresado en lenguaje poético, que nada tiene que ver
con el tiempo real.
A ti,
dulce y consecuente amada, que durante milenios has estado aposentada en lo más
recóndito de mi conciencia sin que yo lo notara, puesto que esa era tu soberana
decisión, debo la inspiración de esta obra, que aparentemente son producto de
mi talento e inteligencia, pero que en honor a la verdad te pertenecen porque
tú le insuflaste vida con tu inagotable numen, y mi participación en ese
proceso de creación poética fue de simple partero o de canal de comunicación
para que viera la luz e irradiara sus rayos a todos aquellos lectores que se
aproximen a ella. ¡Gracias, amada eterna!
MAR
Siempre, amada, respeté la inmensidad del
mar y admiré, con poética intensidad, la belleza multiforme de sus olas, la
policromía de su líquido elemento, la ilusión óptica de cercanía a la costa con
que nos engaña cuando hacemos su travesía en barco y su aparente vecindad con
el globo celeste.
No soy
hombre de mar, por ser totalmente obtuso en el conocimiento de las artes
náuticas, pero me gustaría serlo para balancearme con mi barco de diseño único
en el lomo de los caballos de todos los colores y tamaños formados por las
olas, penetrar sus entrañas para profanar el altar de sus tesoros bien
guardados y ponerle fin a mi secular pobreza material, contemplar sus corales
para deleitarme con la singular belleza roja o rosada de los poliperos
calcáreos, que pulimentados se exhiben en las joyerías, y extraer de su seno,
marchito ya por la depredación humana que todo lo destruye inmisericorde e
irresponsablemente, para saciarme hambre, el hambre de mi familia y el hambre
de mis semejantes, el bienhechor alimento integrado por peces de todas las
especies y tamaños, moluscos, crustáceos y quelonios.
Sé
perfectamente, amada, porque así lo leí en el libro de mi vida, que nunca seré
marino ni pescador y por lo tanto no podré adentrarme en sus profundidades para
conocer sus secretos ni desafiarlo con una nave que jamás conduciré, ni
siquiera en la costa.
¿VOLVERÉ?
¿Volveré a verte,
casa natal, ya en ruinas,
antes que muera?
¿Volveré a verte,
querido Marabal,
Antes que muera?
¿Volveré a verte,
Agua Caliente mía,
antes que muera?
¿Volveré a verte,
Cristofué cantarín,
Antes que muera?
¿Volveré a verte,
paisaje de mi infancia,
antes que muera?
¿Volveré a verte,
¡Oh cerro Rico Pobre!
antes que muera?
¿Volveré a verte,
cementerio de Irapa,
antes que muera?
¿Volveré a verte
grata Hacienda Ramírez!
antes que muera?