HIJA
Cuando te fuiste.
hija del alma mía,
al cielo ignoto,
porque Dios te llamó,
creí morir de pena.
HIJA
Cuando te fuiste.
hija del alma mía,
al cielo ignoto,
porque Dios te llamó,
creí morir de pena.
IGLESIA
Sobre una roca,
edificó Jesús
su santa iglesia
de amor, felicidad
y luz de eternitud.
INTRUSOS
No quiero intrusos
en mis plácidos
sueños.
porque perturban
mi vida divorciada
de pesares y males.
RUTH
Mis cereales, amada,
ya estaban maduros y listos para ser cosechados, luego de haberlos cuidado con
particular y especial esmero. Era la primera vez que recibía de la tierra el
fruto de mi trabajo y por tal razón sentía una felicidad que nunca, hasta entonces,
había experimentado. Contraté hombres y mujeres pan segar las mieses y al final
de la jornada, que fue extenuante, porque los rayos solares herían a mansalva
la piel de los recolectores, todos curtidos en tales menesteres agrícolas,
celebramos con vino y exquisitos manjares hasta caer, embriagados, al
recubierto suelo de espigas en cuyo seno yacían los granos de trigo que en un
proceso posterior irían a la trilla para su liberación y estar en condiciones
de ser llevados al molino que los convertiría en harina, materia prima del pan,
fuente nutricia de la vida.
Recordé, amada, a
Ruth la moabita y comparé esta escena imaginaria con la que describe la Biblia
en el Viejo Testamento y hallé semejanzas en ambas. Ruth, personaje en quien
admiré su valentía y su audacia romántica para enfrentarse a su destino,
dictado por la costumbre de la época, de convertirse, viuda, en mujer de Booz,
su pariente, eras tú, y Booz, el dueño del trigo maduro, era yo.
Y cuando el vino me
doblegó, porque lo tomé en abundancia, tú viniste a donde yo dormía
plácidamente y te acostaste en mi incómodo lecho para ser mi mujer y desde entonces
fuimos una sola persona.
¡Qué inolvidable
noche de amor!
GRIAL
Un día
de luminosa locura, de beatífica paz, de eucarística mansedumbre, de silencio
conventual y de mirífica religiosidad, tomé, con exquisita suavidad, mi
obsoleta y raída vestimenta de peregrino, pretendí, amada de todos los tiempos,
de todas las circunstancias y de todas mis vicisitudes y flaquezas, emprender
un largo viaje que me llevaría a los más recónditos e ignorados lugares de la
tierra, y que concluiría con el hallazgo, en una remota aldea cuyo nombre nunca
indagué, como tampoco su exacta o aproximada ubicación.
¿Qué me
llevó hasta allí, renunciando al encanto de tu melodiosa voz, a la ternura sin
límites de tu regazo, a la frescura temblorosa de tus labios, a la suavidad
imantada de tu dúctil cabellera, al brillo deslumbrante de tus ojos y al aroma
hechizante de tu cuerpo todo? ¡Ay, amada! En mi locura fascinante quería sorber
vino en la sagrada copa donde Jesús, El Hijo del Hombre, brindó por última vez
con sus discípulos, uno de los cuales, Judas Iscariote, lo entregó a sus
enemigos por treinta miserables monedas. Y lo hice, ¿sabes? y con el vino que
libé se abrió para mí toda la sabiduría del mundo y mi espiritualidad recibió
el don de la abundancia y dejé de ser débil y comprendí que para acceder
a la felicidad sin fronteras ni barreras hipócritas tenía que regar cada día,
con agua pura de manantial, las flores de mi locura.
ELISABET
Para Elizabeth
…Y
el angel Gabriel visitó al anciano Zacarías, profeta bíblico, para anunciar el nacimiento de Juan El
Bautista y no le creyó.
…Y
María visitó a su prima Elisabet y saltó la criatura que llevaba en el vientre.
…Y
Elisabet le dijo a María: “!Bendita tú entre las mujeres, y bendito el hijo que
darás a luz.
… …Y
por obra del Espíritu Santo nacieron Jesús, hijo de virgen, y Juan Bautista,
hijo de anciano.
…Y
ambos cumplieron en la tierra sus divinos destinos.
…Y
estando Juan bautizando en el rio Jordán vio a Jesús y exclamo. “! He aquí el
cordero que quita el pecado de los hombres!”.
…Y
Jesús recibió las aguas del bautismo de Juan, quien en su humildad se creyó
indigno de ese ritual.
…Y
Juan predicó la Santa Palabra y fue hecho descabezar por Herodes Filipo para
que Salomé, su hijastra, danzara.
…Y
Jesús el Redentor murió en la cruz por predicar la verdad y pagar el pecado de la
humanidad.
Así
está escrito en la Biblia, el libro más leído del mundo divido en dos partes,
el Viejo Testamento y Nuevo Testamento, obra que recoge el nacimiento y muerte
de Jesucristo y el testimonio de los apóstoles.
Obra,
casi toda inspirada por el Espíritu Santo, que reconforta espiritualmente y
sana las almas heridas, como la mía, como la tuya, lector, y como la de todos
los que no me leen.