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sábado, 14 de noviembre de 2015

viernes, 13 de noviembre de 2015

ALFONSINA

ALFONSINA
A Graciela


Conocí, Alfonsina, el mar donde un día
Te marchaste a buscar
Entre las  bravas aguas   poesía
a la cual encantar

En el marplatense  paisaje amado
de la América musa
Alfonsina Storni, me sentí anclado
En la tarde confusa

Al tenerte cerca y lejos de mí
Y la sal de tu viento
Besando mi cuerpo. Alfonsina, di:
¿Era tu alma o tu aliento?

ABRACITOS

ABRACITOS



Abracitos de niño
Copiosos de  cariño.

Abracitos del oso
Para el amante airoso.

Abracitos de luz
Para aliviar mi cruz.

Abracitos de vida
Para la bienvenida.

Abracitos de sueño
Para dormir risueño.

Abracitos de miel
Para la amada fiel.

Abracitos de rosa
Para mi  niña hermosa.


jueves, 12 de noviembre de 2015

ELOGIOS

ELOGIOS

                                                                    A Mirimarit

   
 Y
O sabía perfectamente, amada, porque me lo habían dicho, en instantes de extrema sinceridad, los inteligentes duendes y fantasmas amistosos que, contigo, habitan mi vetusto castillo de sueños, que mis poemas –en prosa o en verso-, gélidos como las aguas glaciales, vacuos  cual el infernal y enano cerebro de los sátrapas, e intrascendentes como los discursos políticos de quienes con su insaciable dipsomanía de riqueza fácil y abundante nos han privado del pan de cada día para mantener incólumes sus privilegios antinaturales. Eran meras parrafadas informes e inorgánicas que ningún mensaje transmitían ni provocaban ninguna emoción, sencillamente porque carecía de talento poético y mis conocimientos gramaticales rayaban en lo rudimentario.
  Aún así, cielo mío, ciega de amor por mí y privada de razón por el dardo que Cupido -¡Tan buena gente él!- clavó para siempre en tu corazón, viste en esos párrafos tan mal escritos, por darle algún nombre, valores estéticos de los que realmente carecía, sólo para animarme e impedir que el morbo de la frustración se incrustara en mi vida y se tradujera, sin proponérmelo, en depresión, ese terrible estado de ánimo que nos aleja de la vida y nos acerca a la muerte, como tan sabiamente lo dijera el maestro Arístides Bastidas.
          Tú, amada mía, sabes más que nadie, porque estás integrada a mí, que soy una persona extremadamente débil, incapaz, por tanto, de enfrentarme valientemente a nada que afecte mi sanidad.
He allí, bien  mío, el origen de tu solidaridad mecánica hacia el ser amado, aunque en ella vaya inserta una mentira blanca, que al fin y al cabo me hace feliz, dándome la sensación de que de veras soy poeta, que es lo que ves en mí, puesto que sabes que es lo que quiero ser para cantar mis imaginarias proezas e idealizar tu mirífica belleza.
          Y yo me pregunto, amada, ¿Podrá la fuerza de tus elogios obrar el milagro de hacerme aeda, que era el nombre que le daban los griegos al poeta?






AMISTAD

AMISTAD
A Nelys Antonia
           

Mi minúsculo jardín de la amistad, amada increíble, ya casi mustio por la carencia angustiosa del agua nutricia, amaneció con un rosal amarillo, resplandeciente cual el sol de la mañana, gracias al rocío bucólico que vino de las agradables montañas de Tunapuy y de la ruidosa urbe carupanera que años ha, cuando era apenas la única referencia de ciudad conocida en mi lejana adolescencia, fue testigo muda de mis penas, que eran muchas, y de mis alegrías, muy escasas.
            ¿Será este rosal, amada paciente y querendona, tan voluble como las flores silvestres que nacían y morían en mi infancia con la aparición del sol y la inevitable llegada de la luna y su cargamento de duendes que sólo existían en mi mente, entonces cándida cual la sonrisa de los niños y el canto angelical de los pajarillos ariscos que huían al acercármeles, o durará acaso,  como la siempreviva o como el río que nunca se cansa de derramar su regalo de agua, fuente de vida?
            Dime, amada, como lo has hecho en  otras  situaciones de incertidumbre, qué debo hacer para que ese rosal permanezca siempre en mi jardín ofrendándome su belleza, bendiciéndome con su color amarillo, saludándome con su luminosa mudez y recordándome el don de la gratitud.
            -Esa rosa, amado, para que nunca languidezca, deberá recibir agua nutricia, además del manantial nuestro, que le sirve de espejo a los luceros, de las manos que sembraron la planta que le dio vida.
            Por mí, amada, ese regalo de la naturaleza a mi minúsculo jardín resplandecerá por siempre, pues le prodigaré singular cuidado  al rosal que le dio vida para que sea fuerte como el roble, el hierro o la piedra.
            ¿Tú me ayudarás, amada idílica, a combatir el paso del tiempo con la ternura que le prodigaré?
            ¿Esa prodigiosa mano que plantó el rosal tendrá la perseverancia para que esa flor nunca se marchite?
           






miércoles, 11 de noviembre de 2015

RÍO

RÍO


De no haber sido por el río, bien mío, y el delicioso rumor de sus aguas al pasar, raudas, por el camino de piedras blanquecinas y grisáceas arenas que recorre constantemente sin cansarse ni proferir una queja de inconformidad, mi infancia primero, y después mi adolescencia, habrían sido insulsas, monótonas, tediosas y carentes de atractivos capaces de conformar, inequívocamente, que fui niño y adolescente. ¡Así de impactante fue el río y su disfrute pleno en los primeros años de mi vida, cuando no tenía consciencia de que biológicamente el hombre pasaba por diferentes etapas y geográficamente mi mundo se circunscribía a Marabal, el caserío que me vio nacer, e Irapa, que entonces, para diferenciarlo del campo, denominábamos el pueblo, y donde por primera vez admiré, sin palparlo, la grandeza del mar y conocí el cementerio!
Pasaba en el río todo el tiempo que me era posible, y en sus cristalinas, saludables y amistosas aguas aprendí a soñar despierto y a creerme dueño de su diminuto tesoro alimentario: guabinas, guaraguaras, querepes, camarones y cangrejos. Flotaba sobre la apacible corriente, con los ojos cerrados, y me entregaba a ella inocentemente hasta la llegada de la noche, cuando los grillos, con su monótona sinfonía, se dejaban oír.


GOLPE

GOLPE


1

Golpe tuyero,
O golpe tocuyano.
¡Música patria!

2

Golpe mortal
Contra la democracia

Intentó Chávez.

martes, 10 de noviembre de 2015

CONTRASTE

CONTRASTE

1

Subí a la cima
De la esbelta montaña
Para adorarte.

2

¡Qué pintoresco
Es, amor, admirar
Tu sima única!



TIRANÍA

TIRANÍA


Tanta sangre derramada.
Tanta tristeza y dolor.
Tanta  tortura y  horror,
En mi Venezuela amada.

Está la gente angustiada.
El pueblo está consternado.
¿En mi patria qué ha pasado?
Tanta sangre derramada.

Resentimiento y rencor
De un Atila tropical
Dejó su marca letal.
Tanta tristeza y dolor.

Sembró al país de terror
El tirano que murió.
La maldad lo castigó.
Tanta tortura y  horror.

La felicidad ansiada
Por todo venezolano
Protegerá al soberano
En mi Venezuela amada.


lunes, 9 de noviembre de 2015

NO

Me opongo tenazmente
A que los niños de mi patria
Sean como Chávez,
El tirano que murió de maldad.
O como Ernesto “Che” Guevara,
El médico asesino sediento de sangre.
O como Fidel Castro
Opresor inclemente del pueblo cubano.
O como Diosdado Cabello,
Dueño del odio universal.
Ni como Rosinés Chávez,
La hija del tirano muerto
 que se abanica con dólares del tesoro.
Ni como Iris Varela, jaquetona ella,
La que pidió anular la ciudadanía
A la profesora Marta Colomina.
Ni como Tarek William Saab,
El fariseo defensor del pueblo.
Ni como José Vicente Rangel,
El ladino que se olvidó de Cicerón
Deslumbrado por el poder y el oro.
Ni como Elías Jaua,
El cobarde que se encapuchaba en la UCV
Para fomentar desórdenes,
El que destruyó con tractores cañaverales enteros
Y dijo sarcásticamente que Franklin Brito olía a formol.
Ni como Alí Rodríguez Araque, el comandante Fausto
Que destruyó a Pdvsa.
Ni como Rafael Ramírez, que asaltó las arcas públicas.
Ni como María Gabriela Chávez, hija del tirano muerto,
Que tiene dólares del tesoro público en los bancos de Andorra.
Ni como Nicolás Maduro, que le declaró la guerra a los venezolanos.
Ni como el miserable de Francisco Arias Cárdenas, el
Que llamó criminal al tirano muerto
 para después convertirse en su lacayo.
Ni como Jorge Rodríguez, el psiquiatra que abjuró
De su profesión para convertirse en corrupto.
No, esos son valores negativos.
Quiero que los niños venezolanos tengan
 la vida de Simón Bolívar como ejemplo ciudadano.
Y la de Simón Rodríguez.
Y la de Rómulo Betancourt.
Y la de Luis Beltrán Prieto Figueroa.
Y la de Rómulo Gallegos.



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