Quereres
Te
quiero mirto.
Te
quiero girasol.
Te
quiero rosa.
ABSURDIDAD
Nunca seré rey
porque siento repulsa
por los monarcas
y sus bufas coronas.
Nunca seré
ni atleta ni pintor
porque carezco
de dones deportivos
y no sé de arte.
Sólo seré
guardián de tus
caprichos
y jardinero,
bien mío, en tu vergel.
VERA
1
Exhausto ya,
de tanto deambular
sin rumbo cierto
por ignotos caminos
gusté la sombra
del rojo árbol de
vera.
Y seguí andando,
con fuerza renovada,
a mi destino.
2
Soñé victorias,
que jamás alcancé,
por imposibles.
En tu pródiga vera
lloré, buen río,
y mis lágrimas
fueron,
por abundantes,
a aumentar tu caudal
oloroso de azufre.
ROSAS
En
mi poético jardín, nutrido con impoluta
agua del rocío matinal, sembré con mis manos ya rugosas por tanto uso, plantas
de rosas amarillas, que al abrir sus
delicados botones para que los pétalos me ofrendaran su belleza amarilla
parecida a la brillantez del oro, al trigo,
al vestuario floral del araguaney, al girasol y a mi tristeza.
Rosas
llevaba María a la habitación de Efraín para embellecerla y sublimizarla de
ella y rosas amarillas, rojas y blancas poetizan la hacienda El Paraíso,
escenario física de la inmortal novela de Jorge Isaacs, que conocí, y donde
sentí una sensación única de amor, paz, de poesía.
Rosa,
pero amarilla, era la flor preferida de Juan Ramón Jiménez, el inmortal autor
de “Platero y yo”. En Moguer, ¡Oh poesía!,
conocí el pesebre de Platero y también su tumba de Fuentepiña que cada
año los poetas españoles visitan montados en borriquillos.
En
otra vida quisiera ser jardinero para sembrar rosas amarillas.
Pesadilla
Rodulfo González
¡Oh
pesadilla!
¡Tan
oronda en mi sueño¡
Me
aterrorizas.
¡Oh
pesadilla!
¡Tan
oronda en mi sueño¡
Me
aterrorizas.
INTERROGACIONES
Estoy cansado
de tanto sufrimiento.
¿Me aliviarías?
Estoy muy triste
Por tanta soledad.
¿Me alegrarías?
Me mata el frío,
Me consume el calor.
¿Me arrullarás?
La sed agobia
Mi humanidad desértica
¿Me darás agua?
Siento hambre atroz
Y mi cuerpo
enflaquece.
¿Me ofrecerás pan?