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martes, 10 de mayo de 2016

SORPRESAS

SORPRESAS

La vida me sorprende cada día
Con su sublimidad
Cuando la mañana  con  alegría
Me dice ¡Despertad!

Escucha de los pájaros su canto.
Déjate sorprender
Por el brillante sol que da su  encanto
Al  grato amanecer.

Sorpresa cotidiana, caprichosa,
Que celebra la vida.
Mirífica sorpresa, primorosa

Luz al día rendida.

lunes, 9 de mayo de 2016

DESPEDIDAS

DESPEDIDAS

En toda despedida la tristeza
Deja huella de dolor.
Triste  se torna la frágil belleza
De la mujer en flor

Que engreída creyó, sí, poseer
Lo eterno juvenil
Y despedirse tuvo sin querer
De lo bello en abril.

El firmamento sus   lágrimas vierte
Sobre tierras y mares
Al despedir la nube que convierte
En lluvia sus azares.


domingo, 8 de mayo de 2016

PRODIGIO

         PRODIGIO

            Un beso tuyo, niña mía, en los labios, en la mejilla o en la sien, aunque a distancia, aleja de mi avejentado cuerpo la tristeza más grande que me embargue, la dolencia más fuerte que me aqueje y la necesidad de amor que me acongoje.
            Una sonrisa tuya, niña mía, presencial o virtual, me hace sentir, en cada porción de mi cansado cuerpo,  el poder prodigioso del amor, capaz de vencer una tormenta, un huracán e insuflarle vida a una piedra.
            El roce de tus delicadas manos, por mi frente, niña mía, cuando el fuego de la fiebre me hace delirar y el dolor de mi encanecida cabeza me atormenta y me hace sufrir a niveles insoportable, opera el prodigio de la sanidad.
            Tu mimosidad, niña mía, cuando mi inspiración se amotina y no quiere derramar sobre el papel blanco cual mi mente las palabras perfectas que les proporcionen vida al poema, al cuento o a la epístola, vencen los obstáculos que los mantienen prisioneros y emanan prodigiosos textos a caudales.

            ¡Prodigiosa niña primaveral que iluminas mi ocaso!

sábado, 7 de mayo de 2016

Yomo

Yomo
            Esa mano prodigiosa, amada, que plantó un rosal en mi diminuto jardín de la amistad, también me ayudó a impedir que Yomo, ese exquisito personaje de mi infortunada infancia que me espantaba los duendes y me contaba cuentos que nunca vi impresos en ningún libro, permaneciera más tiempo sumergido en el anonimato.
            Esos cuentos, amada perdurable, debieron haber sido inventados por Yomo, quien no sabía leer ni escribir, pero tenía una imaginación que ni tú ni yo poseemos, al final tenían una moraleja. Sí, amada, uno de ellos, según mi avejentado recuerdo, hacía referencia a un viajero que al saciar su sed en la fuente generosa del camino, en vez de darle gracias como hacen los aborígenes de muchas latitudes primitivas, escupió el agua y al regreso tuvo que sorber su saliva con el líquido elemento, ya no límpida como antes, sino asquerosa.
            ¿La moraleja de este cuento? No  puedes  escupir hacia el cielo porque la saliva caerá te caerá en el  cuerpo. Si ensucias el agua que sació tu sed, en vez de bendecirla como hacen los aborígenes de muchas tribus primitivas de lejanas latitudes, tendrás que sorberla mugrosa al regreso del viaje.
            Yomo, amada cariñosa, me enseñó una manera peculiar de contar: una, dona, tena, catona…¿De dónde obtuvo estos conocimientos? Nunca lo supe, porque aparte de su generosidad y amabilidad hacia mi persona y de su afición al ron blanco, que lo sumergía en la embriaguez, nada más recuerdo de él.
            Yo creo, amada esplendorosa, que Yomo debe estar cabalgando en el cielo en un burrito marabalero, cual lo hacía el poeta Juan Ramón Jiménez en Platero el borriquillo moguereño que viajó con él a la eternidad.
            Allí lo encontraré, amada gentil, y volveré a escuchar sus cuentos y él escuchará los míos.
Y en los prados del cielo, deleitaremos a los ángeles y nos olvidaremos de duendes, de tristezas, de penurias existenciales, de pleitos.
¿Verdad que sí, Yomo?
¿Verdad que sí, amada ideal?

¿Verdad, amada, que ahora Yomo cabalgará conmigo hacia la posteridad en mi obra literaria?

viernes, 6 de mayo de 2016

MENTALIZACIÓN

MENTALIZACIÓN

Para refrescar tu cuerpo, amada, ardoroso por la calidez del clima, que había llegado a extremo insoportable, utilicé el poder de mi mente, fuerte como el acero, el diamante y la roca, que me confió sus milenarios secretos de longevidad, al trocar su notoria taciturnidad en locuacidad.
Entonces, pude transformar la furiosa velocidad del huracán en grácil y débil brisa para expulsar el sofocante calor que te hería y reducir la caudalosa corriente del río en apacible fuente de cristalinas aguas para que te bañaras en ellas, calmaras tu insaciable sed y te libraras de la inquietud provocada por el quemante verano.
El poder de mi mente, que tú agigantas, amada, para que fuera más eficaz, convirtió para ti el desierto en jardín edénico, en ofrenda galante que llevaría el cántico de las bullangueras aves y el melodioso rumor del agua de manantial a tus oídos para alegrarte la vida, perfumaría tu cuerpo el aroma prodigioso de las abundantes flores y te vitalizaría la convivencia con la naturaleza en su condición más sublime y pura.

Mi potencia mental, que utilicé para fortalecer tu felicidad, amada, materializando tus románticos caprichos y mis deseos innúmeros de hacerte dichosa, sin importarme los medios ni los costos, transformó la inaccesible montaña en preciosa pradera para que correteáramos libremente, admiráramos el cielo y su inmensidad, fabuláramos sobre lo que nos ofrecía la naturaleza y meditáramos largamente, como dos ermitaños en la profundidad de un desconocido desierto.

jueves, 5 de mayo de 2016

RÍO

RÍO

De no haber sido por el río, amada, y el delicioso rumor de sus aguas al pasar, raudas, por el camino de piedras blanquecinas y grisáceas arenas que recorre constantemente sin cansarse ni proferir una queja de inconformidad, mi infancia primero, y después mi adolescencia, habrían sido insulsas, monótonas, tediosas y carentes de atractivos capaces de conformar, inequívocamente, que fui niño y adolescente. ¡Así de impactante fue el río y su disfrute pleno en los primeros años de mi vida, cuando no tenía consciencia de que biológicamente el hombre pasaba por diferentes etapas y geográficamente mi mundo se circunscribía a Marabal, el caserío que me vio nacer, e Irapa, que entonces, para diferenciarlo del campo, denominábamos el pueblo, y donde por primera vez admiré, sin palparlo, la grandeza del mar y conocí el cementerio!

Pasaba en el río todo el tiempo que me era posible, y en sus cristalinas, saludables y amistosas aguas aprendí a soñar despierto y a creerme dueño de su diminuto tesoro alimentario: guabinas, guaraguaras, querepes, camarones y cangrejos. Flotaba sobre la apacible corriente, con los ojos cerrados, y me entregaba a ella inocentemente hasta la llegada de la noche, cuando los grillos, con su monótona sinfonía, se dejaban oír.

miércoles, 4 de mayo de 2016

ALARIFE

ALARIFE


Para corresponder a tu majestuoso amor, amada, dueña absoluta de todas mis inquietudes, con mis expertas manos de veterano alarife construí para ti un inmenso palacio que gratificaba, a quienes tenían el privilegio de contemplarlo, con la brillantez de múltiples coloridos que despedían, cual esplendorosos fuegos artificiales, los faroles de todos los diseños que lo alimentaban permanentemente de luz para que pareciera, aun en la noche más tenebrosa, pleno mediodía, y evitar así que la obscuridad con sus fantasmas empañara tu belleza y le restara impulso a tus encantos.
Desde sus torres, amada, altas como las montañas que lo circundaban para protegerlo de extraños y resguardar nuestra privacía, a las que ascendíamos por sus interminables escaleras de caracol, veíamos el ocaso del día, el alegre y espontáneo jolgorio de las aves al recogerse en sus nidos; el tropel de los animales no alados cuando se dirigían a sus madrigueras cumplida ya su diaria faena; la rutilante luna en sus esporádicas peleas con las nubes en defensa de su brillantez y el paso  de las estrellas fugaces hacia espacios etéreos que nunca, por ignorancia de conocimientos astronómicos, pudimos identificar.
Ese palacio, amada, recubierto de lapizlázuli y esmeralda que como ofrenda de amor te construí con mis laboriosas manos de alarife y mi poética imaginación, es testigo mudo de nuestras confidencias, de nuestros apasionados besos y de nuestra entrega ilímite a los sorprendentes encantos de la querencia, esa que confunde en un solo cuerpo a los amantes.
Muchas veces, ¿recuerdas?, nos introducíamos, cándidos y felices, en cualquiera de las aclimatadas bañeras de la palaciega mansión y disfrutábamos tanto las caricias caprichosas del agua al juguetear en nuestros desnudos cuerpos, que tranquilamente, sin sentir ningún cargo de conciencia, dejábamos que el tiempo transcurriera libre como el viento y nos olvidábamos hasta de nosotros mismos y sus necesidades materiales.
Pero no sólo un palacio surgió para ti, amada, de mis diestras manos de alarife y mi inconmensurable imaginación de poeta por siempre soñador. Te construí también, para halagarte, puentes inmensos y resistentes como mi voluntad, los cuales te permitieron cruzar, con increíble coquetería, inexistentes ríos, lagos y mares a los que materializamos, fugazmente, como parte esencial de un juego en el que estábamos inmersos conscientemente en regreso furtivo a nuestra ya lejana niñez.
Hice igualmente para ti, porque eso era deseo y era factible su construcción, un enorme castillo al que dotamos imaginariamente de grotescos fantasmas, de juguetones murciélagos y de presidiarios sin conciencia del tiempo ni de la importancia de ser libres.
Ese palacio, amada, esos puentes y esos castillos todavía cobran vida.


martes, 3 de mayo de 2016

ZAGALA

ZAGALA

Yo amé a la zagala, más que por sus atributos físicos, ciertamente pródigos, por la exquisita espiritualidad que brotaba, cual río crecido, de todo su ser, el esplendor de su aura y la claridad de verbo magnífico.
Íbamos al río, amada, cuantas veces nos placía para escuchar, siempre sorprendidos y maravillados, el melodioso cánticos que los pájaros de todos los colores ofrendaban al líquido elemento, saciada ya su sed; el ruido de cristal que anunciaba el infinito paso del agua por el empedrado y arenoso camino; el rumor del viento, suave como el algodón, y el eco de nuestras voces al chocar, altaneras, contra la cercana montaña.
Ese río, amada, del que tantas veces te he hablado, no es producto de mi poética inspiración, como lo es la zagala, o como lo eres tú. Tampoco es el bello recuerdo de un sueño que quise eternizar.
Ese río es real y plenó de ventura mi ya lontana infancia y parte de mi adolescencia, y en mi madurez es un canal de comunicación que vincula, con asombrosa precisión, lo pasado y lo presente. Está en Marabal, el pueblo que me parió hace muchas lunas.

¿Sabes qué, amada? De mis primeros años de vida, aquellos donde lo único que conceptúo relevante es la ingenuidad de  niño campesino, sólo salvaría, si pudiera hacerlo, la parte que compartí con el río, pues su elocuente mudez sirvió de aliciente, sin comprenderlo entonces, a mis pequeñas penas.

lunes, 2 de mayo de 2016

NAVE

NAVE



¿Cuando parta, di, amada, en mi frágil y gris ceniza nave, díscola como yo, y sin brújula que oriente su incierto rumbo, dejarás que mis salobres y caudalosas lágrimas bañen tu regazo y que el agua pura de mis besos, titilantes cual toda la piel angélica de tu cuerpo, calmen la sed de tus labios de doncella impoluta?
Dime, amada, ¿en cada barca que arribe a tu puerto presumirás mi llegada, a sabiendas de mi incierto regreso y de que en otros puertos muchos amores, tal vez más impetuosos que el tuyo y más perennes y cercanos?
Mi barca, amada, tal vez regrese pronto a tu puerto de esperanza sin límites, o quizás zozobre en las profundidades de un furioso mar o pierda el rumbo y nunca más encuentre la ruta lumínica que me devuelva a tu litoral de aguas apacibles y azules.
¿Aún así, amada, me esperarás?


domingo, 1 de mayo de 2016

POETAS

POETAS

Los poetas, amada mía, con la divina anuencia de los dioses de todas las religiones, tenemos el privilegiado don de ser distintos a los demás mortales, porque nuestros pensamientos pueden obrar maravillas creando mundos que sólo nosotros podemos habitar y disfrutar, llevando agua a recónditos e infértiles desiertos para saciar nuestra sed y la de nuestros hermanos ermitaños que han abandonado el mundanal ruido del que habló Fray Luis de León, con el elevado fin místico de estar más cerca de Dios, y colmando de alegría a aquellos lugares donde sólo hay tristeza.
Tú, amada, eres el fruto de mi angustiada imaginación poética, sola en la multitud por incomprendida, ahíta de dialogar con quienes enardecieron adrede para no escuchar su plática, y temerosa en su covacha de sueños ante lo inescrutable.

Nadie, que no sea yo, amo y esclavo de ti, según la ocasión, puede establecer comunicación contigo para confiarle sus cuitas y recibir el oportuno alivio a sus penas. Y ello es posible por mi condición de poeta, y como tal, taumaturgo, capaz de darle vida a lo inanimado, belleza a quien está carente de dotes estéticos, sanidad al que está enfermo de cuerpo y espíritu, alas al desolado hombre que quiere acercarse hasta el cielo para platicar con las estrellas y otras maravillas cuyo límite es la mente.

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